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Diálogos en Wall Street
Las turbulencias no cesan. Y hay muchas novedades en la arena de la política económica. Hablamos con Gordon Gekko del G-20, de China y de los próximos pasos de la Fed y el BCE.

Gordon Gekko: Y esta vez, con sus mercados cerrados por un feriado largo, no se pudo culpar a China.
P.: Tenía razón. Los mercados no estuvieron satisfechos con un rebote pujante. Van a volver a poner a prueba los pisos de la caída.
G.G.: Suele ocurrir. No es para nada extraño.
P.: El G-20 ha vuelto a cobrar notoriedad. El comunicado tras su reunión refleja un compromiso de evitar "la guerra de divisas". ¿Cree que puede servir para distender los nervios?
G.G.: No pienso que perjudique. Pero no hay guerra de divisas por culpa de las devaluaciones competitivas, porque haya intención de empobrecer al vecino; la volatilidad cambiaria responde a los cambios esperados de la política monetaria de los países del G-7. Es la vigilia por la decisión de la Fed lo que suscita tensiones.
P.: Y la Fed no va a desviar su hoja de ruta porque se lo pida el G-20.
G.G.: Hubo una moción para consignar la suba de tasas de la Fed como el mayor peligro de la escena internacional, pero, es obvio, no sobrevivió en el texto final.
P.: Entiendo que China fue la otra gran preocupación...
G.G.: Tal cual. China dio seguridades sobre su gestión de política económica, y aseveró que no busca promover una estrategia deliberada de devaluación del yuan.
P.: Son expresiones formales, es el protocolo.
G.G.: Que haya diálogo no es trivial. Las políticas son nacionales. Westfalia sigue vigente. Pero no está nada mal que cada país sepa de primera fuente qué planes tienen sus pares del G-20.
P.: El comunicado pone énfasis en que se calibrará de manera "cuidadosa" y se comunicará "con claridad" cualquier nueva medida de política monetaria.
G.G.: Es lo que hace la Fed. Y es un palito para China por la sorpresa que produjo con su modificación de régimen cambiario. Está bien que se sepa hacia adónde vamos y si es posible, con tiempo para poder acomodarse. Aun así, no alcanza para anular los remezones.
P.: El informe de empleo de EE.UU. prometía echar luz sobre los pasos futuros de la Fed. Pero no fue todo lo contundente que se esperaba. Se crearon menos puestos de trabajo que lo estimado, y, a la vez, bajó fuerte la tasa de desocupación. ¿Cómo leerlo?
G.G.: No debería alterar el curso de acción de la Fed. No trasunta la debilidad que insinúa en una primera lectura rápida. Las condiciones laborales continúan en franca mejoría.
P.: ¿Cómo llegaremos a la reunión de la Fed de la semana próxima? Todo indica que con mercados resbalosos y con la espada de Damocles sobre nuestras cabezas.
G.G.: Con una percepción de que el resultado dependerá de cómo caiga la moneda. Es 50% y 50%.
P.: Parece difícil, aun así, que la Fed se arriesgue en estas condiciones de fragilidad y termine apretando el gatillo. La postura del G-20, la recomendación que volvió a batir el FMI, una mínima aversión al riesgo apuntarían a posponer una decisión agresiva.
G.G.: De los tres elementos que citó, sólo el último talla. La Fed administra riesgos y lo hace con cuidado. No querrá dar un paso en falso. Y no puede estar segura de no cometer un error si gatilla ahora.
P.: ¿Es posible un movimiento que no sea de un cuarto de punto, sino más tenue?
G.G.: En sus proyecciones, la Fed introdujo el octavo de punto como unidad mínima de variación. No creo que esté pensando en aplicarlo, pero con la innovación alentó esa expectativa.
P.: ¿Es posible que la Fed tenga que virar hacia un QE4 como hay quién ya lo predica?
G.G.: Sólo si las cosas van muy mal. La agenda hoy va en la otra dirección. Rumbo a la normalización. Sí es posible un QE2 en la zona del euro. Eso no es rumor. Es Mario Draghi puro. Está listo para ir por más si la situación se complica y así lo requiere.


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