8 de junio 2016 - 00:00

Diálogos en Wall Street

Pasó Janet Yellen -la titular de la Reserva Federal- y dejó el bálsamo de sus palabras tras el mal informe sobre los datos de empleo. ¿Qué nos espera? Tal el cuestionario que el experto que se escuda bajo el nombre de Gordon Gekko responde a continuación.

 Periodista: ¿Aquí no pasó nada? ¿Hacemos de cuenta de que el mal informe de empleo de mayo fue apenas una aberración estadística? No nos podemos basar en un único número, dijo Janet Yellen, quien dicta el pulso con el que se mueve la Fed.

Gordon Gekko:
Como usted quiera. Da lo mismo. ¿Tendremos un aumento de la tasa de fed funds la semana próxima? Olvídese. Ese es el punto concreto.

P.: Tampoco esperábamos una vacunación inminente. Ni aún con un buen informe de por medio.

G.G.:
En ese sentido, da igual.

P.: Pero la Fed no abandona su idea fuerza. La bandera de la suba de tasas sigue flameando aunque se demore su ejecución.

G.G.:
Es previsible. La Fed muere por recargar el botiquín de la política monetaria convencional. Y la verdad es que la respuesta de los mercados, por primera vez, es una acogida sorprendentemente cálida.

P.: Cuando los mercados son receptivos, la economía se desacomoda. Y cuando la economía se entona, los mercados desafinan. Si no es uno es el otro, pero nunca están los astros alineados para sorber la medicina como Dios manda.

G.G.:
No se puede forzar mucho la mano porque ya vimos en diciembre que si las consecuencias son adversas, el daño puede ser terrible. Al mal tiempo Yellen le ha puesto buena cara. Mejor así. La Fed, con todas las críticas que recibe, conserva credibilidad. Si Yellen dice que crear 38 mil puestos netos de trabajo en mayo está bien, cuando se esperaban más de 160 mil y cuando se demandan unos 120 mil para absorber el crecimiento vegetativo de la oferta laboral, pues, estará bien. La Bolsa no se deprimió por eso, sacó pecho con las palabras de Yellen. Prefiere su bendición (por más que ello suponga que la suba de tasas sigue al acecho) antes que poner en duda la salud de la recuperación de la economía.

P.: Yellen no dijo que crear 38 mil empleos está bien. Relativizó la pertinencia de la cifra. Hay otros indicadores a mano que no concuerdan con dicha descripción, y por ende, corresponde tomarla con pinzas.

G.G.:
Tiene razón. Y es así. Como también dijo Lael Brainard, gobernadora de la Fed, habrá que continuar hurgando en el flujo de las estadísticas hasta identificar un patrón robusto.

P.: Y ya no hay tiempo para llegar a una conclusión tajante la semana próxima.

G.G.:
Como mínimo habrá que esperar el informe de empleo de junio.

P.: Lo que nos dejará de brazos cruzados hasta la reunión que se realizará a fines de julio.

G.G.:
Correcto.

P.: ¿Cómo cree que se lo tomarán los mercados?

G.G.:
Están muy a gusto. Wall Street en los máximos de diez meses, como si la economía fuera el tren bala. El petróleo se encaramó sobre los 50 dólares el barril. Y el dólar -que es un termómetro de la incomodidad que puede producir la amenaza de un ajuste de tasas de interés- volvió a relajarse. Dirija su mirada a los activos de la periferia. No hay señales de perturbación. Los emergentes, muy bien. Lo mismo sucede con la deuda de alto rendimiento. Cuando hay suspicacias, allí es donde se registran los primeros crujidos.

P.: Y si nos espera un largo recreo hasta fines de julio, sobra el espacio para ensayar acrobacias.

G.G.:
Con un ojo en los indicadores económicos, no sea cosa que la señal solitaria de fragilidad se multiplique de golpe y tengamos que mudar la partitura. No se olvide que la OCDE, también la semana pasada, advirtió que el mundo se metió en una trampa de estancamiento. Es una visión enfrentada, está en las antípodas de lo que publicita la Fed. Hoy por hoy tiene menos predicamento, pero -con tiempo inestable- nunca se sabe. Y el otro ojo habrá que ponerlo en los balances. En julio van a resultar decisivos.

P.: ¿Llegará por fin la anunciada mejoría?

G.G.:
El consenso espera un repunte de las ganancias por acción del S&P 500 recién para el tercer trimestre. Pero la solidez de Wall Street -los precios y su gestualidad- dicen otra cosa. No estamos merodeando las altas cumbres por amor al riesgo. El mes de julio puede venir cargado por partida doble: con nuevos récords y, además, como frutilla de postre, la bendita suba de tasas.

Dejá tu comentario