12 de julio 2017 - 00:00

Diálogos en Wall Street

Muchas novedades en Wall Street y desde los frentes más diversos, de Rusia a Canadá. También habla Yellen pero preocupa menos, según la visión de Gordon Gekko, nuestro hombre en el sur de Manhattan.

Periodista: Ya no hay que ocuparse solamente de los tuits del presidente Trump sino de los correos que recibe su hijo, Donald Jr. ¿Vuelve la política a meter la cola en Wall Street?

Gordon Gekko: Fue apenas media hora de super acción.

P.: Casi, casi como un "flash crash", que ahora se han puesto de moda...

G. G.: Tenemos uno por semana.

P.: Las criptomonedas repitieron el turno. Ya el ethereum había protagonizado uno. Esta vez le pegan a toda la categoría.

G. G.: Nada grave considerando la volatilidad propia del activo. El ethereum vale la mitad de lo que fueron sus récords a principios de junio. Pero, medido desde comienzos de año, había trepado 40 veces. Las criptomonedas, en esta fase explosiva, son como granadas de mano.

P.: ¿Qué tan delicado es el Russiagate? También es dinamita.

G. G.: En rigor, es un pantano. Más uno lo menea, más trata Trump de zafar y tomar distancia, más profundo se hunde. Invariablemente.

P.: ¿Cuán sensible será el mercado bull a su presencia? La caída de hoy (por ayer) fue muy fuerte, el Dow Jones se zambulló 160 puntos en 20 minutos, pero se recuperó de la misma manera violenta. ¿Aquí no pasó nada? El cierre se permitió la ironía de ser medio punto positivo.

G. G.: El Russiagate es una mochila que tenemos que acarrear. Cuando estamos contentos no pesa nada. Como si no existiese. El problema va a ser cuando nos tome cansados.

P.: Hoy se lo puede ignorar.

G. G.: Qué mejor evidencia. Y no se olvide que estamos en verano, el volumen de negocios no es muy grande y así el mercado es susceptible a los barquinazos.

P.: Janet Yellen, la presidenta de la Fed habla mañana (por hoy) en el Congreso. ¿Nos puede dar otro sacudón?

G. G.: Hay más chances de que sean Stephen Poloz y el Banco de Canadá los que agiten las aguas.

P.: ¿Como lo hizo Mario Draghi , el titular del BCE, un par de semanas atrás?

G. G.: Sí. Poloz juega con las blancas. Es parte de la coalición de banqueros centrales que sacó de escena la rebeldía de los bonos y el aplanamiento de la curva de rendimientos. Mañana (por hoy) es su turno. La economía canadiense "está desarrollando toda su potencia", dijo ayer el ministro de finanzas. ¿Qué mejor prólogo?

P.: A diferencia de Draghi, que puede hablar mucho pero no actuar hasta el año próximo, Poloz podría gatillar ahora mismo.

G. G.: Tal cual. Salvo que la inflación está todavía por debajo de su meta. Un poco más de medio punto. Pero con una economía que lleva un par de años calentando motores en un crescendo de velocidad que excede el 3% uno diría que, después de Gran Bretaña (el único país del G7 que sobrepasa su meta de inflación), es el país ideal para confirmar que la intención de restringir el estímulo va en serio y no es un bluff.

P.: ¿Usted qué piensa?

G. G.: El discurso no debería dejar lugar a dudas. Yo lo creeré cuando lo vea. En mayo Poloz citaba el retroceso de la inflación núcleo como un argumento para mantenerse de brazos cruzados. Está claro que su posición cambió. Y así lo ha hecho saber. Falta ponerle la rúbrica.

P.: ¿Y por qué desconfía?

G. G.: La semana pasada mencionamos las reuniones del Riksbank sueco y del Banco de la Reserva de Australia. Los dos forman parte del mismo movimiento. Los dos optaron por extender la espera. Australia era candidato firme a encender la mecha pero prefirió postergar. En ambos comunicados hay una referencia común al valor de sus monedas. Es un peligro cortarse solo, subir la tasa y propinarse una apreciación brusca. ¿Querrá hacerlo Canadá? Es lo que me interesa saber.

P.: Si Canadá procede con la suba de tasas, ¿qué es lo que habría que mirar?

G. G.: Las tasas largas globales. Y, por supuesto, las de los Treasuries de EE.UU. Ahí está la clave del próximo patín. Ahí y en su impacto sobre la volatilidad accionaria (VIX) cuya venta, pese a estar en un piso, es el negocio más popular del año en Wall Street. Un salto del VIX sostenido nos daría un buen dolor de cabeza.

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