El consumo moderó su crecimiento en 2012: luego de haber aumentado un 8% en 2010 y un 6% en 2011, terminó el año pasado con una expansión no muy superior al 1%.
"El dato sirve para mostrar la resistencia del consumo privado aún en escenarios como el actual, con caída de la producción y la inversión, aumento de la inflación, estancamiento del empleo y contracción del comercio exterior", sostiene un informe del Instituto de Estudios Económicos del Banco Ciudad.
Según razonó, el principal motivo de que el consumo no cayó quizás es que los instrumentos de ahorro (de protección de la inflación) son prácticamente inexistentes, "aunque el estancamiento del salario real tampoco permitió un comportamiento boyante de esta variable clave".
A continuación, los principales puntos del informe:
Connsumir es la única opción para una gran proporción de las familias que apenas llega a fin de mes, pero también para la mínima fracción que, pudiendo ahorrar, está obligada a consumir o a resignarse a la erosión de sus ahorros a manos de la inflación.
La segunda razón es que ha aumentado el peso de los ingresos del sector privado que derivan directa o indirectamente del sector público, vía empleo público, pensiones y subsidios. Cuando la situación fiscal no es crítica, estas fuentes de ingresos suelen ser menos cíclicas, lo cual contribuye a estabilizar el consumo en escenarios recesivos.
La gran incógnita sigue siendo su evolución futura. El consumo depende mayormente del salario real, la tasa real de interés (el premio o castigo por ahorrar), las expectativas respecto del futuro, el nivel de empleo y la incertidumbre laboral (el miedo a perder el trabajo), además de la disponibilidad y el costo del crédito.
Si se analizan uno por uno los fundamentos del consumo, el resultado es bastante ambiguo. Las tasas de interés siguen siendo un gran incentivo a consumir cuando se las compara con la inflación real. Y el dólar, como instrumento de ahorro, se ha vuelto un objeto de culto para quienes quieren adquirirlo por derecha (producto de las prohibiciones al atesoramiento) y por izquierda (producto de la enorme devaluación del paralelo).
El crédito bancario para consumo sigue creciendo fuerte (35% en 2012), dado que muchos bancos encuentran allí una forma de protegerse de la incertidumbre inflacionaria prestando a corto plazo. Del otro lado de la balanza estará el salario real (la variable más importante), amenazado por la aceleración de la inflación y el tope del 20% que el Gobierno nacional intentará imponer en las próximas paritarias.
Finalmente, las expectativas del consumidor siguen golpeadas y si bien el miedo a perder el empleo es bajo, viene en ascenso por la importante caída que registra la demanda laboral.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Dejá tu comentario