7 de agosto 2015 - 00:00

Dilema UCR: sobrevivir después del domingo

Debe reconocerse a Ernesto Sanz el esfuerzo por mantener al radicalismo en primer plano de la campaña presidencial hacia las PASO. La UCR es un partido con estructura y fiscalización en todo el país y dos bloques en el Congreso que siguen (y seguramente seguirán) siendo la primera fuerza de oposición, pero sin candidatos que seduzcan a nivel nacional. Esa ausencia, comprobada en las últimas dos elecciones presidenciales donde cerró alianzas con fracaso pronosticado desde el principio (como la que cerraron en 2007 con Roberto Lavagna) o simplemente no logró salvar la ropa en las urnas.

Sanz, con su pelea dentro del radicalismo contra quienes se opusieron al acuerdo con Mauricio Macri y luego en la campaña levantando un perfil de discurso más duro que sus compañeros de competencia o recordándoles que nadie como él mismo o el jujeño Gerardo Morales se cruzaron en el recinto tanto y en tantas ocasiones con Cristina de Kirchner, logró mantener el perfil de batalla que le exigía la militancia radical. La idea de un partido que tiene candidatos a diputados, senadores, gobernadores y también a presidente. Con ese discurso cerró ayer la campaña.

Pero el domingo todo cambia. El peronismo, una vez más, no tendrá el problema de esperar por la consagración de un candidato: sea cual fuera el número de votos, habrá proclamación.

Los radicales tendrán otro escenario. Si Sanz no gana la primaria, deberá haber un reacomodamiento inmediato. No bien se conozcan los votos, si es que se confirman mínimamente casi todas las proyecciones, tanto Sanz como Carrió deberían tener que transitar el camino hasta Costa Salguero.

Para esa eventualidad se negoció que el búnker de Macri fuera despojado de todos los adornos que el PRO les puso en los últimos años a sus festejos. "Sin globos", pidió Carrió. "Con los colores de Cambiemos, sin amarillo", exigió Sanz.

¿Cuestiones estéticas? Nada que ver, sólo subsistencia de los partidos tras la elección.

Si el ganador es Macri, el radicalismo deberá comenzar a acomodarse a su candidatura presidencial. Hubo ensayos exitosos ya que anticiparon ese escenario: hasta Gerardo Morales recibió a Macri en Jujuy y el miércoles hizo un cierre a los abrazos con Gabriela Michetti en su provincia. Pragmatismo puro de radicales que cuelgan sus boletas de gobernador de Sanz, Carrió, Macri, Massa o Stolbizer y eso porque ningún otro candidato presidencial viajó al norte a ofrecer a apoyo.

Desde el domingo los radicales jujeños, los formoseños, tucumanos, cordobeses (que además ya pelearon la gobernación y perdieron) entrerrianos, correntinos, santafesinos, comenzarán a defender más las boletas locales que la nacional. De eso depende, se dijo, la subsistencia del radicalismo en el futuro, como vino siendo hasta ahora.

Para Macri, de todas formas, hay alguna buena noticia en eso: hasta las PASO el acuerdo con el radicalismo le proveyó fiscalización en todo el país, pero de confiabilidad relativa; el candidato de la UCR es obviamente Sanz. Desde el domingo no habrá competencia y el acuerdo Cambiemos, en ese sentido, se vuelve más pleno, con menos interna y algún respiro.