25 de septiembre 2014 - 00:00

Dilma pronunció un mensaje en tono de campaña

Nueva York - A once días de los comicios en los que buscará la reelección, la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, aprovechó ayer el discurso inaugural de la 69a Asamblea General de las Naciones Unidas para destacar los éxitos de su Gobierno.

La mayor parte del discurso de la mandataria no fue dedicada a los grandes temas internacionales, sino a la situación interna de Brasil que, según recordó, fue excluido hace pocos días del "Mapa del Hambre" del Fondo de las Naciones Unidas para Alimentación y Agricultura (FAO).

Según Rousseff, ello fue posible por los programas sociales adoptados en los últimos doce años por su Partido de los Trabajadores (PT), por la generación de 21 millones de empleos, por el aumento del 71% del poder adquisitivo del salario mínimo y por la salida de la pobreza de 36 millones de brasileños, "22 millones de ellos bajo mi Gobierno".

La mandataria recordó además que, por una ley propuesta por el Gobierno, el 75% de los beneficios obtenidos a través de la explotación de los gigantescos yacimientos de petróleo en aguas ultraprofundas de la llamada capa presal será destinado a la educación.

"Convertiremos recursos finitos, no renovables, como el petróleo y el gas, en algo perenne: educación, conocimiento científico, tecnológico e innovación. Éste será nuestro pasaporte hacia el futuro", aseveró.

Al mismo tiempo, salió al paso de las críticas a la política económica de su Gobierno que, según sus rivales en la disputa por los comicios del 5 de octubre, es responsable del bajo crecimiento económico y del aumento de la inflación, que hoy oscila en torno al 6,5 por ciento al año, en el límite de tolerancia de dos puntos porcentuales frente a la meta oficial. "No hemos descuidado la solidez fiscal y la estabilidad monetaria", aseguró.

El tono de su discurso generó fuertes críticas en Brasil, donde sus opositores afirmaron que usó la tarima de la Asamblea General de la ONU para hacer campaña electoral en lo doméstico.

Pero ella se defendió. "Les sugiero que miren mis cuatro discursos aquí: fueron todos muy parecidos", recomendó a los periodistas brasileños que la acompañaron en su gira. "Y se parecen en algo fundamental: Brasil redujo la desigualdad, aumentó la renta y amplió el empleo", insistió.

En el capítulo internacional, su mensaje en Naciones Unidas tuvo como eje central la condena al uso de la fuerza, lo que se interpretó como un mensaje velado contra la ofensiva liderada por Estados Unidos en Irak y Siria.

En tono enérgico señaló que su generación de líderes no fue "incapaz de resolver las viejas disputas y de evitar el surgimiento de nuevas. El uso de la fuerza es incapaz de eliminar las causas profundas de conflicto". "Cada intervención militar no nos permite caminar hacia la paz, sino hacia la profundización de los conflictos", añadió.

Insistiendo en una causa tradicional de la diplomacia brasileña, Rousseff presionó por una reforma del Consejo de Seguridad, que haga que esa instancia represente más fielmente el mundo actual.

Asimismo, pidió mayor peso para los países emergentes en las instituciones financieras multilaterales, como el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial.

Agencias DPA, AFP y Reuters,

y Ámbito Financiero

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