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Dilma se repliega al proteccionismo (otro giro del ciclo Lula)
Especialistas reconocen diferencias y profundización en el modelo implementado por Lula entre 2003 y 2010, todas ellas causadas por los impactos que la crisis generará entre los emergentes, que por otra parte buscan ser parte de la solución, en forma inédita en la historia.
«El escenario que Dilma enfrenta es mucho más complejo que el de Lula, lo que requiere cambios, incluso en el área comercial», dijo Luiz Gonzaga Belluzzo, de la Universidad de Campinas (Unicamp), oficialista y desarrollista, cuyos artículos son leídos por la presidenta.
El debate sobre el «industrialismo» de Rousseff cobró vigor luego de que el jueves aumentara hasta un 30% el impuesto a los automóviles importados (excluidos los acuerdos con Mercosur y México), lo que llevó a un debate sobre proteccionismo.
Rousseff mantuvo al desarrollista Guido Mantega al frente del Ministerio de Economía, pero hizo modificaciones en dos puestos clave de la era Lula: la presidencia del Banco Central y el Ministerio de Industria, Desarrollo y Comercio Exterior.
En el Banco Central cambió al ex presidente mundial del Bank Boston Henrique Meirelles por el funcionario de carrera Alexandre Tombini, y en Industria cambió a los hombres del sector del estado de San Pablo por su amigo personal y figura del Partido de los Trabajadores de Minas Gerais, Fernando Pimentel.
Claro que las condiciones de la transición de Fernando Henrique Cardoso en 2003 no fueron las de Lula a Rousseff en 2010.
Mantega amplió los impuestos contra el ingreso de dólares que se había iniciado en los últimos años de Lula y dispuso una fiscalización con pago de impuestos a las apuestas de dólar futuro y derivados cambiarios, para enfrentar la presión hacia el valorizado real.
Pimentel encabeza el plan Un Brasil Mais Grande con 16 mil millones de dólares de incentivos para la industria, y Tombini acaba de iniciar un proceso de reducción de tasa de interés, que comenzó en agosto, al caer del 12,5% al 12%.
La nueva disposición sobre los automóviles importados sin contenido nacional, en especial sobre la llegada de siete marcas chinas, «es un cambio importante no sólo respecto de Lula, sino de los últimos 20 años, cuando Brasil caminó hacia una apertura comercial cada vez más grande», según José Camargo, de la Pontificia Universidad Católica de Río de Janeiro.
Según el diario O Estado de Sao Paulo, el intento de freno a las importaciones de vehículos es fustigado por los ortodoxos.
En el mismo tono el expresidente del Central Alfonso Celso Pastore dijo que el Gobierno está «respondiendo a los intereses de la industria».
En el mismo sentido, la invasión de automóviles chinos a bajo costo es una obsesión del ministro Pimentel. Los autos extranjeros crecieron un 104,1% comparando agosto 2010-2011. Si los sindicatos e industriales se unieron en celebrar el freno a los automóviles importados, la Asociación de Empresas Importadoras de Vehículos (ABEIVA) publicó solicitadas denunciando «proteccionismo» y pidiendo a Rousseff revisar el decreto «observando las leyes internacionales de libre comercio».
Agencia ANSA


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