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Diplomáticos, muy poco diplomáticos
Hasta 2006, los embajadores que abandonaban su cargo enviaban una carta al Ministerio de Relaciones Exteriores, que eran reservadas... hasta ahora.
La BBC empezó a divulgar ayer los extractos más destacados en una serie de programas en la Radio 4.
«La periferia de los pueblos es sórdida a un nivel que sorprende al visitante llegado de Europa. Cuando llegamos, provocamos sin querer una cierta vejación al preguntar el nombre del pueblo que acabábamos de cruzar. Se trataba en realidad de la capital, Managua», escribió en 1967 el ex embajador en Nicaragua Roger Pinsent.
El diplomático no parecía admirar más a los habitantes del país: «Temo que no plantea ninguna duda que el nicaragüense es uno de los sudamericanos más deshonestos, violentos y alcohólicos», agregó.
Su colega en Tailandia entre 1965 y 1967, Anthony Rumbold, se reservaba sus críticas para la cultura local: «No tienen ninguna literatura, ni arte pictórica y su música es muy extraña. Han tomado de los otros sus esculturas, sus cerámicas y sus danzas. Su arquitectura es monótona y su decoración de interiores, horrible».
De Río de Janeiro, John Russell escribió en 1969 que Brasil estaba «horriblemente mal administrado» y que la corrupción era tan común que se podía «comprar todo, desde un permiso de conducir hasta un juez de la Corte Suprema».
En cuanto a los nigerianos, tienen «la loca costumbre de elegir siempre las acciones que irán más en contra de sus intereses», estimó en 1969 el ex embajador en el país, Sir David Hunt.
Agencia AFP

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