2 de septiembre 2010 - 00:00

Disney renueva bien la fórmula de Tinker Bell

Al hacer interactuar humanos en el argumento de la tercera parte, la serie de Tinker Bell gana en interés para los chicos.
Al hacer interactuar humanos en el argumento de la tercera parte, la serie de Tinker Bell gana en interés para los chicos.
«Tinker Bell: hadas al rescate» (Tinker Bell and the Great Fairy Rescue, EE.UU., 2010, dobl. al español). Animación. Dir.: Bradley Raymond. Libro: B. Hilgenberg, R. Muir, B. Raymond.

Desligada ya por completo de su origen en «Peter Pan», Tinker Bell, o Campanita, como se la llamaba antes de la globalización, protagoniza un tercer film solista desde su lanzamiento hace dos años, todo un record si se lo compara con el tiempo que demanda la producción de secuelas de películas de animación más ambiciosas y marketineras.

Desde luego, dentro de los presupuestos Disney esta no es una de las franquicias de mayor relieve: no cuenta con grandes estrellas entre quienes doblan las voces en su versión original, la duración no supera la hora y cuarto, y ni siquiera están realizadas en 3D, como impone hoy el sistema. Del mismo modo, al igual que las anteriores, el mercado norteamericano elige lanzarlas antes en otros territorios como testeo (en los EE.UU. se estrenará recién el 21 de este mes).

Más allá de la simpleza de su relato, «Hadas al rescate» es el capítulo más eficaz de la serie, y con seguridad el que más adherentes tendrá en su público natural. La razón es que, por primera vez, sus realizadores han tenido la buena idea de incorporar personajes humanos que interactúen con las hadas (premisa secundaria, además, de la Peter Pan original), lo cual favorece y acentúa la identificación del chico con la historia. En las partes anteriores, las peripecias se limitaban al mundo feérico (para emplear el adjetivo que más aman los comentaristas de ballet), lo que estaba llevando a la serie a un callejón sin salida.

En esta parte llegan a un pueblo vecino a Londres un padre entomólogo con su hija fantasiosa, que desespera por atrapar alguna vez un hada. Cuando lo logra (con Tinker Bell, quién otra), las reacciones son las esperables, es decir, las correctas: el espíritu científico del padre descree de lo que afirma su hija, en tanto que ella, ingenuamente, ignora que para un entomólogo no podría haber pieza más codiciada que esa pequeña mariposa con forma humana (detalle que, en cambio, no ignoran las hadas que corren a su rescate).

El film, en general, no deja de respetar ninguno de los mandamientos del Disney tradicional: a diferencia de los productos mucho más elaborados y contemporáneos de su subsidiaria Pixar, acá no hay ningún «guiño» al espectador adulto ni humor que no se corresponda con el que surge de su propio relato, es decir, del encuadrado en el mundo «feérico». El diseño, al igual que el que siguió Disney en «La princesa y el sapo», también es falsamente antiguo, como si la película, pese al brillo digital de las técnicas empleadas, hubiera sido concebido décadas atrás. Es otra de las apuestas del sello, y no le va mal.

M.Z.

Dejá tu comentario