El kirchnerismo, en sus múltiples variables, se entregó el fin de semana a un ejercicio que supone de sanación: reunirse en tumulto, hablar y dar discursos, hacer hipótesis efímeras sobre lo que viene o, los más afortunados, cenar y estirar las sobremesas hasta más allá de la medianoche.
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El PJ bonaerense, con más ausencias que presencias, peregrinó a Roque Pérez, una tribu del kirchnerismo del conurbano se amontonó en Lanús y el cristinismo silvestre de la Capital tuvo su show con Carlos Zannini como orador top. Los tres clanes, por separado, se entrenaron en procedimientos de supervivencia y rasgos de vitalidad con sus juntadas de fin de semana.
La lotería de candidatos fue un dato recurrente. En el dispositivo K abundan los aspirantes en todos los planes y rangos, pero son pocos los que aparecen, al menos por ahora, como competitivos para el ring electoral. El PJ bonaerense que cenó el viernes en Roque Pérez y armó su asamblea el sábado, anotó más los faltazos que los asistentes: ni Daniel Scioli ni Florencio Randazzo, los dos precandidatos con más vuelo, y ambos de la provincia, gambetearon la invitación de Fernando Espinoza que confirmó que quiere ser candidato a gobernador y protestó contra el zigzagueo de Martín Insaurralde.
Estuvieron otros tres prepresidenciables, Jorge Taiana, Julián Domínguez y Agustín Rossi, pero ningún otro anotado para la gobernación. Estaba anunciado Diego Bossio, pero al final no fue. Los peronistas bonaerenses somatizan quejándose de los vaivenes de Insaurralde -Carlos Kunkel lo comparó con un "payaso"- y abocados a una dinámica partidaria que sólo consiste en sentir que forman parte de algo. Juraron, como indica el manual, lealtad a Cristina de Kirchner y respaldo al gobernador y se fueron, cada uno por su lado, con un llamado a la unidad.
Los K más clásicos, los que Edgardo Depetri reunió en el teatro Tita Merello de Lanús, y los que ensambló Zannini en Capital, recurrieron a otro mecanismo de somatización de sus dudas sobre un futuro incierto: hablar sobre los "fondos buitre", el ataque del sistema financiero al Gobierno de Cristina y la poesía épica de la batalla que encarna la Presidente por estas horas.
La clave de fondo es, sin embargo, otra: si el espacio que está en el Gobierno puede darse un formato para volverse electoralmente viable en 2015 cuando, de manera irrevocable, Cristina tenga que dejar el poder. Depetri le levantó el brazo a Julián Álvarez, viceministro de Justicia, que sueña con ser intendente de Lanús, expectativa que se potencia con indicadores delicados sobre la gestión y la imagen del intendente Darío Díaz Pérez. Así lo cuentan los neocamporistas que no consideran que esos datos potencian a un anti-K.
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