- ámbito
- Edición Impresa
Divisiones políticas y armas en la calle
Un disparo certero en el abdomen acabó con su vida el lunes por la noche. Sus amigos y familiares velaron el miércoles su muerte en el polideportivo de la escuela. Era el menor de tres hermanos, tenía 15 años y quería estudiar Criminología. «Siempre nos decía: papá, voy a ser ministro para ayudarte a comprar una casa», cuenta Mario, un revolucionario que con lágrimas en los ojos intenta asimilar la muerte de su hijo.
Las escenas de dolor se repetían en el otro extremo de la ciudad, dentro de la morgue del Hospital Universitario de Los Andes. Marcos Rosales, de 28 años, fue al gimnasio en torno a las 10 de la noche. Cuando regresaba a casa, se encontró de frente con una manifestación de partidarios del Gobierno de Hugo Chávez.
Protestas
Tres disparos en la espalda, fémur y pierna lo hirieron de muerte. Falleció durante la madrugada del martes en el Hospital Juana Inés de la Cruz. Su primo, Javier Alexandre, cuenta que le encantaban los animales. Tenía un perro, del que solía decir: «Es mi hijo, lo único que le falta es hablar».
Mérida es hoy una ciudad dividida. Con un gobernador del chavismo, un alcalde de la oposición y muchas armas en la calle. Cada bando cuenta con su propio grupo parapolicial, que actúa al margen de la ley y ostenta distinto nombre, desde Tupamaros a los Movimientos 10 y 13...
Las protestas en esta ciudad universitaria, situada sobre la falda de Los Andes, empezaron hace 15 días, con vecinos que se asomaban a la ventana haciendo sonar sus cacerolas desde sus ventanas para quejarse contra los cortes de agua y luz.
La mecha siguió ardiendo y, a principios de esta semana, explotó en violentas manifestaciones con un resultado trágico: dos muertos, 33 heridos, nueve policías agredidos y 41 vehículos calcinados.


Dejá tu comentario