El Banco Central dejó de creer que los feriados largos son días donde todos descansan. Cuando el miércoles terminaron de operar habían calmado al dólar porque los exportadores comenzaron a liquidar divisas y alentado la suba de los bonos de la deuda. Se fueron pensando que el lunes podrían dedicarse a comprar dólares para recomponer reservas.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Pero nada salió como habían imaginado. El Gobierno repitió errores sin pensar en lo que les cuesta a los técnicos de la entidad que preside Martín Redrado controlar que no haya fuga de divisas. Ahora aparecieron los «candidatos testimoniales», que pueden ser otra señal de debilidad comparable a la del adelantamiento de las elecciones.
Los inversores no ven una estrategia en estas actitudes, sino el temor del Gobierno a una derrota, y como saben de las reacciones irracionales, se refugian en el dólar. Por caso, nunca asimilaron que enfrentarse al campo sea una estrategia útil para conseguir votos. Lo mismo pueden pensar ahora de los candidatos testimoniales.
El Banco Central no sólo deberá enfrentar el clima político adverso sino que, a diferencia de la semana pasada, el ejército de compradores de dólares se verá engrosado por el regreso de los jugadores que estuvieron ausentes porque prolongaron el feriado de Semana Santa.
Los inversores se replantearán su estrategia porque antes del feriado creían que en junio iba a haber una elección legislativa. Ahora se encuentran con un plebiscito de la gestión de Gobierno.
Hay un abismo entre el escenario financiero del miércoles y el de hoy. Ahora hay más dudas y eso aleja a los inversores de títulos. La semana pasada, los bonos en pesos subieron hasta el 10% en dos días. Hoy se replantearán si vale la pena mantenerlos en cartera. Ante la duda, los dólares son la cobertura.
El despilfarro de esfuerzos es notable. El Banco Central había calmado la demanda de dólares al punto que casi no había diferencia entre el precio de la divisa en las casas de cambio y lo que pedían en el mercado marginal. La demanda del público, hasta ese momento la más firme, se había calmado y los grandes inversores se habían convertido en vendedores de dólares.
El Banco Central, por momentos, fue el único comprador. En tres días de operaciones elevó sus reservas en u$s 120 millones. La semana anterior había perdido más de u$s 400 millones. Al caer el dólar y al mejorar los mercados internacionales, los inversores empezaron a mirar a los alicaídos bonos. Con la esperanza de que la Argentina retorne al FMI, subieron los títulos en pesos y en dólares.
Fue apenas una ilusión. Las decisiones del fin de semana volvieron todo al lugar de crisis. El Banco Central deberá recomenzar su tarea y rogar que la salida de divisas no sea tan aguda como lo fue hace unas semanas.
Dejá tu comentario