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Dos células habrían colaborado con el neonazi que perpetró la masacre en Oslo
Una impactante multitud llena de congoja se congregó frente a la municipalidad de Oslo. Anders Behring Breivik declaró ante un juez a puertas cerradas y sigue sin mostrar ningún gesto de arrepentimiento. La cifra de víctimas fatales descendió a 76.
Breivik, que no se declaró culpable, desmintió así declaraciones previas de su abogado según las cuales había actuado solo.
La Policía, con todo, señaló que no tiene otros sospechosos de los ataques del viernes en la mira. Sin embargo, el fiscal Christian Hatlo afirmó que no podía «descartar completamente» la posibilidad de que otras personas hayan estado involucradas en los ataques del viernes.
Asimismo, el fiscal señaló que pedirá un examen psiquiátrico para el detenido. Lo notó «tranquilo» en todo momento, «totalmente imperturbable ante lo que sucedió», narró. Las declaraciones del asesino de ultraderecha, realizadas en una audiencia a puertas cerradas, fueron citadas por el juez Kim Heger en una conferencia de prensa.
«El detenido aseguró que necesitaba perpetrar estos atentados para salvar a Noruega y a Europa occidental de los musulmanes y del marxismo cultural», relató el magistrado ante la prensa.
La Policía, cuya velocidad para actuar seguía siendo ayer objeto de críticas, revisó el número de muertos de 93 a 76. El recuento indicó que 8 personas murieron a raíz de la bomba en el centro de Oslo y 68 en la isla de Utoya.
No estaba claro si Breivik era parte de una organización, aunque él había escrito sobre un renacimiento de los Caballeros Templarios, una orden medieval de monjes cruzados (ver aparte).
Después de la audiencia, el juez Heger dijo que ordenó prisión incomunicada de ocho semanas para Breivik, sin cartas, periódicos ni visitas, excepto de su abogado. La detención podrá ampliarse antes del juicio que se le realizará por cargos de terrorismo, y la Policía dice que el proceso puede tardar un año. La pena prevista es la máxima en el código penal local: 21 años, aunque puede ampliarse si existe riesgo de que el condenado reincida en sus delitos. «En teoría puede estar en prisión el resto de su vida», señaló Staale Eskeland, profesor de Derecho Penal en la Universidad de Oslo, aunque otros letrados creen que para la legislación local sería muy difícil. Una multitud abucheó a Breivik en el distrito judicial de Oslo. «¡Fuera, fuera!», gritaba Alexander Roeine, de 24 años, mientras golpeaba un coche en el que erróneamente pensaba que iba el asesino. La Policía hizo ingresar a Breivik al tribunal por una entrada lateral.
«Todo el mundo lo quiere muerto», declaró Roeine, que agregó que conocía a uno de los muertos y a tres sobrevivientes de los ataques.
Breivik había dicho que quería explicar por qué perpetró los peores ataques de la historia moderna de Noruega. Se le negó declarar en público, pero el juez, en su conferencia de prensa, narró lo que había dicho el acusado de 32 años.
Heger dijo que Breivik aseguró que quiso «castigar» al gobernante Partido Laborista por haber «traicionado a Noruega» con «una importación masiva de musulmanes».
Agregó que la bomba contra los edificios del Gobierno en Oslo y el tiroteo en el campamento de verano de las juventudes del Partido Laborista no apuntaba a causar un gran número de muertos sino a disuadir el reclutamiento futuro en el partido.
«El objetivo del ataque era dar una señal contundente a la gente», dijo Breivik según el juez.
Por otra parte, se declaró dispuesto a «pasar el resto de su vida en la cárcel». Después de la audiencia, un vehículo de la Policía trasladó a Breivik, que iba sin afeitar, con su pelo rubio muy corto y con una campera roja. Parecía tranquilo y no intentó comunicarse con los periodistas. Permaneció inmóvil en el asiento trasero, con un policía a su lado.
En un manifiesto antiislámico de 1.500 páginas colgado en internet, había escrito que la violencia era necesaria para rescatar a Europa del islam, la inmigración y el multiculturalismo, y agregó que si sobrevivía al ataque y era arrestado, comenzaría una fase de propaganda.
Su abogado, Geir Lippestad, dijo que había estado políticamente activo y que tras percatarse de que no tenía éxito con las herramientas políticas normales, recurrió a la violencia.
La decisión del juez de celebrar la audiencia a puertas cerradas ocurrió después de que los noruegos protestaran por la posibilidad de que Breivik utilizara su declaración para hacer propaganda.
El brutal ataque probablemente suavice el debate sobre la inmigración antes de las elecciones locales de septiembre. El número de inmigrantes en Noruega casi se triplicó entre 1995 y 2010 a casi medio millón en un país con 5 millones de habitantes.
Después de tres meses de un trabajo laborioso mezclando fertilizantes, aspirinas y otros químicos en una granja remota, Breivik condujo un coche alquilado al centro de Oslo el viernes, y accionó el dispositivo en el exterior de las oficinas gubernamentales matando a ocho personas.
Agencias Reuters, AFP, DPA, EFE y ANSA

