Las políticas económicas que el Gobierno aplica, así como las declaraciones de los funcionarios tratando de justificarlas, dan cuenta de un modelo de país que, entre otros efectos, conlleva la destrucción de capacidades productivas construidas con gran esfuerzo a lo largo del último siglo.
Mucho más que biromes
La apertura importadora y la reforma del Banco Central reavivan el debate sobre el rumbo del modelo económico. Crecen las críticas por su impacto sobre la industria y el empleo.
La apertura importadora y la reforma de la Carta Orgánica del Banco Central reavivan el debate sobre el rumbo del modelo económico.
En una entrevista radial en la que aprovechó para defender la apertura importadora, el presidente Javier Milei dio el ejemplo de Suiza, país que, en su opinión, produce “turismo, relojes, chocolates, cortaplumas y servicios financieros”. “Cuando usted entra en un supermercado en Suiza, todo es importado”, ejemplificó. Acto seguido señaló que, de no seguir este camino, “en Argentina solamente comeríamos dulce de leche: tendríamos unos problemas de sobrepeso tremendos porque sería lo único que comeríamos. Y andaríamos con biromes en colectivo, nada más. O sea, no tenemos muchas más cosas”.
El problema de fondo con esta descripción, que por cierto no se ajusta a la realidad, es el país que el Presidente nos propone: uno que importe casi todo y que produzca agro, petróleo y minería con la mira puesta en abastecer al exterior. De hecho, si bien nuestro país es uno de los mayores productores de alimentos a nivel mundial, los mismos son de difícil acceso para una parte importante de nuestra población.
Históricamente, Argentina se ha destacado en Latinoamérica por su profundo entramado industrial. Aquí se han fabricado aviones y hasta satélites. Sin embargo, el desarrollo industrial, tecnológico y científico es algo que los gobiernos neoliberales han tratado permanentemente de destruir.
En su análisis, el Presidente omitió que una gran cantidad de empresas generadoras de empleo cerraron como consecuencia de la apertura importadora indiscriminada. Según un reciente informe de CEPA (Centro de Economía Política Argentina), en base a la Superintendencia de Riesgos del Trabajo (SRT), desde el comienzo de la actual gestión de gobierno en noviembre de 2023 hasta la actualidad, 24.437 empresas cerraron sus persianas: “31 empresas por día”, aclara el documento. La pregunta surge clara: ¿de qué va a vivir la mayoría de los argentinos y de las argentinas si esta Argentina se consolida?
A su vez, durante los últimos meses se incrementaron las compras al exterior de bienes de consumo final, al tiempo que se redujeron las importaciones de bienes de capital y piezas y accesorios de bienes de capital, lo que presupone una continuidad en el debilitamiento de la inversión. Es un reflejo del deterioro del mercado interno, afectado por la caída de los ingresos reales de la población.
Por su parte, con el crecimiento de los sectores a los que apuesta la actual gestión es posible que suba el PBI, pero que ello conviva con mayor pobreza y con más desempleo. Es una simplificación creer que si la actividad económica crece, automáticamente deriva en mayor bienestar para las mayorías.
Con el desarrollo de las actividades agrícolas, mineras y petroleras, casi con seguridad no se llegará a compensar todo el empleo que por otro lado se pierde, ya que estos sectores no son intensivos en el uso de mano de obra.
Recuperar la agenda
Tras la salida del anterior jefe de Gabinete, el Gobierno está intentando recuperar la agenda. Una de las ideas más recientes es la modificación de la Carta Orgánica del Banco Central, retrotrayéndola a los objetivos previos a la reforma del 2012.
La intención es volver a la normativa preexistente, en la que sólo importaba el control de la emisión monetaria y se prohibía expresamente el financiamiento al Tesoro. Un Banco Central autónomo para tomar decisiones y desentenderse de los efectos de éstas sobre las empresas y los hogares.
El espíritu de la actual normativa está claramente plasmado en su texto: “el banco tiene por finalidad promover, en la medida de sus facultades y en el marco de las políticas establecidas por el gobierno nacional, la estabilidad monetaria, la estabilidad financiera, el empleo y el desarrollo económico con equidad social”.
La Carta Orgánica vigente no impide en lo más mínimo que el gobierno avance con sus políticas: en muchas oportunidades expresé que dicho documento tiene muchos “puede” y casi ningún “debe”. Queda claro que el objetivo de fondo del cambio en la legislación es condicionar el accionar de futuros gobiernos. Es también un pedido del Fondo Monetario Internacional, que considera que la política monetaria debe estar al servicio del manejo de las variables macroeconómicas, alineada con el objetivo de superávit fiscal.
La macroeconomía no puede desvincularse de lo que le pasa a la gente. Por caso, el recorte del gasto público y del ingreso disponible de los hogares afecta los derechos y las condiciones de vida de los argentinos y las argentinas, así como las altas tasas de interés repercuten negativamente en la producción y el consumo.
Para que la economía crezca en consonancia con un mayor bienestar, debe haber, entre otras cuestiones, un impulso a los sectores demandantes de mano de obra, así como políticas impositivas que generen redistribución de la riqueza, poniéndole un límite a la fuerte acumulación de riqueza en pocas manos.
Presidente Partido Solidario



