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Dos PJ, factor Carrió y la elipsis massista
• EL GOLPE GIUSTOZZI, APERTURISMO PRO Y LA LOTERÍA ULTRA-K
Giustozzi ejecutó una escenografía dañina contra su exsocio cuando, como arugmento capital, expuso que Massa no sabe conducir y no está en condiciones, dijo, "de ser presidente". El de Brown, que se instalará por un tiempo breve en un no lugar, esperó un gesto que el tigrense nunca hizo: una charla mano a mano, una definición política siquiera negativa y no, como se lo terminó de probar Alberto Fernández -instalado al lado de Giustozzi-, cuando le trasmitió que no veía ninguna reacción del de Tigre.
La salida de Giustozzi de la órbita Massa sintetiza la elipsis del massismo: en mayo de 2013, el tigrense administraba con maestría la intriga sobre si sería o no candidato anti-K, mientras conducía un bloque de unos diez caciques. Por su condición de jefe del conurbano sur, Giustozzi lo ensanchó y le arrimó una porción del otro hemisferio, el más peronista, del Gran Buenos Aires.
Giustozzi se autosobrevaluó cuando se creyó un par de Massa; el tigrense lo tasó bajo cuando prefirió, pragmático, la mejor intención de voto y la autonomía de recursos de De Narváez. El peor de los mundos posibles no está todavía anulado: como contó este diario el viernes, en el PRO miran los números de De Narváez y el "Colorado" mide, con sondeos propios y ajenos, que su proyección electoral está, en este tiempo, por encima del techo de Massa. En el macrismo se advierte sobre la resistencia de Macri a un pacto, pero, a la vez, se afirma que Elisa Carrió, sacerdotisa y oráculo al que recurre el jefe de Gobierno, no elevó objeciones por un ensamble con De Narváez mientras construyó un muro de resistencia ante un hipotético acercamiento con Massa.
Efecto
El eco de 2013, el año en que que el peronismo tuvo la peor elección de sus 70 años de historia -se cumplen en octubre- con el humillante 29,6% en provincia de Buenos Aires, se desintegra. Como un número maldito, las tres estrellas elecetoras que amanecieron en aquella campaña, están en proceso de opacarse: ante Martín Insaurralde no amanece otro destino que repetir en Lomas, Massa sufre reveses sucesivos y Giustozzi, tras la aventura renovadora, sólo tiene por delante el repliegue municipal.
La estampida del diputado de Brown fue el segundo serrucho de la semana, tras el portazo de Jesús Cariglino, jefe de Malvinas Argentinas que tiene el camino allanado para desembarcar en el macrismo, sello que ya usó en 2011. Cariglino puede convertirse en una autopista del PJ ortodoxo de massista hacia el PRO. Humberto Zúccaro, de Pilar, aparece en ese radar: habló bien de Macri en los medios y a las horas lo llamó el candidato del PRO.
-Dije lo que pienso, que sos un gran dirigente -explicó Zúccaro sorprendido por el llamado.
De ahí a un acuerdo queda un trecho: porque Macri tiene sus candidatos locales -Nicolás Ducoté y Sebastián Neuspiller- y porque Zúccaro tiene una interna (a veces a muerte; otras ficcional) con José Molina, funcionario sciolista que quiere ser el postulante del FpV. A 40 días del cierre de listas, los jefes territoriales empiezan a ensayar todas las variables para sobrevivir al "fin de ciclo" de 2015 que despide un presidente, casi 10 gobernadores y una malón, grande, de legisladores.
El Congreso del PJ del viernes en Parque Norte potenció la disputa de propiedad que Zúccaro ve en Molina, pero a nivel general. El ordenamiento telepático de la Presidente, pidiendo por TV a los candidatos una ducha de humildad y se bajen, solos y mansos, no terminó de decantar aunque se terminó de definir, como regla general, que habrá dos candidatos a presidente y dos candidatos a gobernador en la provincia de Buenos Aires.
En un apartado del Congreso, un referente K dijo trasmitir un mandato de Máximo Kirchner y afirmó que la lotería del FpV bonaerense se reduce, según el mapa de Olivos, a tres opciones: Julián Domínguez, Diego Bossio y Aníbal Fernández. Pero de ese trío quedarían dos para volver factible el entrecruzamiento de boletas, el orgiástico todos con todos, que inundará los cuartos oscuros de boletas del FpV porque en un municipio donde haya dos candidatos a intendente habría, para arrancar, ocho listas del peronismo K.


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