18 de abril 2011 - 00:00

Drama de cientos de inmigrantes varados en tierra de nadie

Ventimiglia, Italia - A unos pocos metros de una línea invisible donde Italia se une con Francia, un reluciente cartel recibe a los viajeros: «Ventimiglia, la puerta de ingreso a Italia, donde la belleza no tiene fronteras».

Pero cientos de inmigrantes tunecinos que esperan cruzar a Francia están más interesados en salir de la ciudad del norte de Italia, donde han estado atrapados por una disputa entre París y Roma que pone de manifiesto las tensiones por la inmigración hacia Europa.

Los taxistas dicen que los inmigrantes les pagan a «porteurs» para que los ingresen de contrabando. Otros prefieren arriesgar sus vidas en «el sendero de la muerte», uno de los varios caminos de montaña usados por los italianos para huir del fascismo durante la Segunda Guerra Mundial.

Francia, la expotencia colonial de Túnez, ejerce una fuerte atracción para muchos inmigrantes del norte de Africa, que esperan reunirse con parientes que ya viven ahí. La mayoría habla francés y ven en ese país mejores posibilidades para hallar empleo.

Pero para Karim, de 29 años, un carpintero con una visa común en Italia que está en el país para cuidar de su hermano menor, Europa no es la tierra prometida para los sueños de los inmigrantes.

«Ellos vienen aquí pensando que encontrarán un paraíso, pero sólo se darán la cabeza contra la pared», dijo en un fluido italiano en unas antiguas barracas de bomberos, usadas como refugio temporal para inmigrantes en las afueras de Ventimiglia.

Italia está emitiendo permisos temporales para aquellos que quieran viajar a otros países europeos, pero Francia se está negando a aceptarlos y la policía gala ha enviado de vuelta a inmigrantes que intentaban cruzar la frontera.

El ministro de Interior francés, Claude Gueant, prometiendo no rendirse ante lo que definió como una «inmigración económica», dijo que la policía tenía órdenes de reforzar los controles fronterizos y de repeler a cualquiera sin los papeles y el dinero necesarios para sobrevivir en Francia.

La disputa entre Roma y París por las normas de repatriación retumba en la vivienda prefabricada de tres plantas usada como centro temporal para inmigrantes.

«¿Qué nos va a pasar?», pregunta Boulbaba Bouzaieme, de 29 años, mientras come sin ganas papas y pescado de un plato de plástico provisto por la Cruz Roja Internacional mientras un tunecino garabatea un signo de interrogación en un pedazo de papel.

Muchos se preguntan qué es lo que el primer ministro de Italia, Silvio Berlusconi, le dirá a su par francés, Nicolás Sarkozy, cuando se reúnan el 26 de abril en Roma para tratar el espinoso tema.

Italia firmó un acuerdo con el Gobierno tunecino para tratar de contener el flujo migratorio y prometió más de 200 millones de euros en ayuda y líneas de crédito, además de una mayor cooperación policial y la posible repatriación de personas en situación de clandestinidad.

Ventimiglia es hogar de sólo un pequeño número de los 25.000 inmigrantes tunecinos que han llegado desde enero a Lampedusa, una pequeña isla casi a mitad de camino entre Sicilia y Túnez. Pero cada noche arriban en tren más personas con boletos sin retorno desde Roma, avivando las preocupaciones de que la emergencia empeore. Algunos no han comido en cuatro días, otros han desarrollado problemas de salud, dijo la Cruz Roja.

Los que están demasiado cansados para intentar cruzar la frontera aceptan ser llevados a centros temporales donde encuentran asistencia médica, alimento y una cama.

«La situación ha mejorado un poco, pero nunca sabemos lo que puede ocurrir esta noche», dijo Massino Nisi, un comisionado regional de la Cruz Roja.

Italia ha pedido ayuda a sus socios europeos para lidiar con la emergencia, pero se quejó de la «total negativa a cooperar» por parte de sus vecinos.

En Ventimiglia, la paciencia se está acabando. Gaetano Scullino, el alcalde de centroderecha, dice que está librando una batalla en soledad contra una emergencia de escala inédita.

«No nos ponemos a llorar por nuestras penas, pero Europa debe asumir su cuota de responsabilidad», dijo el alcalde.

Agencia Reuters

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