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Dupont contra los escritores que se visten de escritores
Mariano Dupont: “Mi novela es muy Arno
Schmidt, un escritor que me gusta mucho. Es de algún modo una suerte de reescritura de ‘La república de los sabios’”.
Mariano Dupont ha publicado las novelas "Aú", y "Ruidos", y en poesía "Quique", "Pampa trunca", "Nanook" y "Marola". Tradujo libros, entre otros, de Louis-Ferdinand Céline, William Burroghs y Arthur Cravan. Dialogamos sobre su nueva novela.
Periodista: "Arno Schmidt", ya que no es una biografía o un ensayo sobre el gran escritor alemán, ¿es una novela de ciencia ficción, una historia delas paródicas aventuras de un grupo de intelectuales, una comedia sarcástica sobre la tribu actual de los escritores argentinos?
Mariano Dupont: Es una suerte de sátira. Me gusta mucho la tradición de los satirístas, desde los latinos, de Petronio en adelante, pasando por Rabelais, Jonathan Swift, Laurence Sterne, hasta llegar al siglo XX con Joyce, Celine, Beckett, Kurt Vonnegut, Philip K. Dick, entre muchos otros. Si tuviera que encuadrar en un género a "Arno Schmidt" sería en la sátira con ciertos elementos de ciencia ficción sobre el mundo de los escritores y en particular sobre ciertos escritores que se consideran "serios", esos que se toman demasiado en serio y desprecian la literatura orientada al mercado. Creen que hacen una literatura por encima de todo eso, y tiene, a la vez las mismas ambiciones de cualquiera que escribe, ser leído, y vender libros, tener lectores.
P.: Su novela parte de un curiosa beca que da la Arno Schmidt Experimental Writer's Residence reúne escritores en la Antártida, en una ciudadela de un futuro tan anacrónico, ocurre a mediado de este siglo, que resulta muy actual.
M.D.: Cuento una suerte de estadía en la Antártida financiada por una excéntrico barón alemán multimillonario, a través de una cierta Fundación Arno Schmidt. Allí llega Mariano Dupont, un escritor como yo. En esa estadía suceden un montón de cosas, hay una intriga al estilo de las novelas policiales más convencionales. El tiempo que los invitados pasan allí es para "plasmar"una obra "experimental", y Mariano Dupont hace para su "libro experimental" una suerte de reescritura del Popol-Vuh, el relato de los mitos y leyendas de la creación del mundo, la epopeya de los indios maya-quiché, en clave paródica y jodona. En ese mes que pasa ahí ocurren muchas cosas y hay muchos personajes a los que le pasan cosas.
P.: ¿Es un homenaje a Borges el hacer de usted mismo el personaje central de la novela, algo que el autor de "El Aleph" hizo muchas veces?
M.D.: Hay ahí un juego entra la ficción y lo autobiográfico que es inquietante y crea una cierta ambigüedad. Pero, hay cosas que dice, juicios que hace, el Mariano Dupont de la novela con los que no tengo nada que ver. Él critica a John Cage, y a mí me gusta. Sus gustos y opiniones no son las mías exactamente, y hay gente que no entiende eso, Quintín por ejemplo en su blog, no entiende nada. Convertirme en personaje fue una manera de meterme en la sátira. Me interesa la sátira que no tiene un carácter moralizante. La sátira clásica, la sátira latina, la de Juvenal, era condenatoria de las costumbres de la época. Y me interesaba que no tuviera ese tinte moral. El modo de evitarlo era involucrarme, ser también arrastrado por la sátira, y ponerme yo también en ridículo, porque formo parte de ese mundo de escritores. Es lo que hizo decir a Groucho Marx, y repitió Woody Allen, nunca pertenecería a un club que me admitiera a mí como socio.
P.: ¿Por qué elige al escritor vanguardista y admirado satírico alemán Arno Schmidt para dar nombre a la fundación que congrega a escritores argentinos y da nombre a su novela?
M.D.: Mí novela es muy Arno Schmidt, un escritor que me gusta mucho. Es de algún modo una suerte de reescritura de "La república de los sabios" de Arno Schmidt, y de "Campo de concentración" de Thomas Disch, que trata de un campo de concentración de artistas y es un clásico de culto de la ciencia ficción de los años '60. El escenario de un espacio cerrado, de la clausura, lo disciplinario en la rutina, de la vigilancia, contiene alusiones a la Alemania nazi. El arquitecto constructor del edificio se llama Speroni, lo que alude a Albert Speer, el arquitecto de Hitler. Schmidt esta en el lenguaje, como lo está también Celine.
P.: ¿Cuánto tiempo le llevó escribir "Arno Schmidt"?
M.D.: Tomé notas durante un año, y escribí la novela en menos de seis meses. La escribí muy rápido a diferencia de otros libros míos. Lo que me costó un poco más fue la reescritura del Popol-Vuh, que fue por intrusión. Fui añadiendo textos a la escritura original. Fue un poco una versión de la escritura de Leónidas Lamborghini, que trabajaba con los mismos elementos del original con el que está confrontando. Yo agrego cosas, deliro con el texto y lo llevo al humor. Ese humor está en algunos personajes que no están inspirados directamente en alguien pero tienen elementos que lo acercan a ciertos escritores.
P.: Y hay algunos a los que demuele cariñosamente.
M.D.: Yo en eso dejo el beneficio de la duda. Algunos son más evidentes que otros. Hay ciertos personajes que si bien están inspirados en figuras conocidas de la literatura actual, tienen elementos de otras personas, son una suma. Entre los persoinajes más evidentes están Mario Bellatín y César Aira. Y muchos amigos míos. En esa residencia estamos todos. La verdad que me divertí mucho. Hay fragmentos, en ciertos diálogos, que saqué de entrevistas a escritores, y que luego modifiqué un poco. No me interesaba burlarme de Fulano o Mengano en particular sino señalar las imposturas, las actitudes y comportamientos que caracterizan a los escritores "serios", es decir los que se creen serios y graves. Y lo veo desde el lugar que participo de ese mismo universo desde hace años, con mi novela "Aún" gané el Premio Emecé en 2003, y en seguida querían ponerme entre los discípulos de Saer. Y uno puede sentirse cómodo ahí o buscar no quedar pegado a cierto tipo de literatura. La sátira siempre molesta en algún punto. Y más en un tiempo como este de mucho silencio intelectual. A la sátira los charlatanes de la gravedad, como dijo Baudelaire, la ningunean y la desprecian porque pone en evidencia la mentira en la que viven, algo que ellos no quieren ver. Hay que bancarse a un Louis Ferduiand Celine, por ejemplo. La verdadera risa es la que se ríe de lo que no hay que reírse, es la que destapa lo que estaba cubierto, la que pone sobre la mesa lo evidente que no se quería ver, hace caer las máscaras y revela algo no esperado. Esa es la risa que me interesa, es la risa corrosiva tan absolutamente diferente a la que busca provocar el humor de los humoristas.
P.: ¿Por qué el cambio de estilo de "Arno Schmidt" con respeto a sus obras anteriores?
M.D.: Todas mis novelas son muy distintas. Busco que cada libro sea algo nuevo, que me descoloque y descoloque al lector. No me interesa la fórmula, el procedimiento, eso de lo que tanto habla César Aira. Tener un procedimiento y a partir de ahí, como un ready made, hago una cosa tras otra, como si fuera un autómata. A mí eso me parece una estupidez. A mi me gusta que cada libro que voy a escribir me ponga en crisis, que se un desafío, que sea algo nuevo que no sé cómo voy a poder hacer. El libro que viene no va a ser otro "Arno Schmidt", va a ser distinto. Cuando escribo poesía también busco ir por otro lado cada vez. No me interesa el libro de poemas, hago poemas largos. Hago los libros que me divierte hacer, que estén vivos.
P.: ¿Qué está escribiendo ahora?
M.D.: Dentro de un par de meses voy a sacar un poema nuevo en mi editorial, Ediciones Cada Tanto. Después voy a publicar una suerte de novelita, que se llamará "Esto no marcha", titulo medio beckettiano, y que será como una reflexión en torno a la escritura más en clave Mario Levrero, esa onda, en Editores Argentinos.
Entrevista de Máximo Soto


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