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Duville, con ecos de Cándido López
Por su formato panorámico, los paisajes de Matías Duville parecen deudores de los puntos de vista de altura de López, pero su trazo es inconfundible.
Desde lejos, dos obras de tamaño casi desmesurado muestran la sinuosa trayectoria de las aguas de un río, las islas que forman los brazos que vuelven a unirse; luego, hay dos obras oscuras, con fogatas humeantes en sus bases y unas llamaradas que ascienden por unas te
El trazo de Duville, el gesto que deja su mano en el papel o la tela es inconfundible, es tan fácil reconocerlo, que resulta un juego de niños descubrir a sus numerosos seguidores. Pero la mayor virtud es la atracción visual que genera su trazo.
La muestra se llama «El aullido del cristal» y el artista aclara que «se trata de la descripción de un sonido (escalofriante) pero también de una imagen imposible». «Trato de pensar en algo que sólo se puede concretar mentalmente y fuerzo esta posibilidad sobre la obra. Hay mucho de esto en las obras de esta muestra. En los dibujos oscuros de fogones en donde el humo se eleva como un río con canoas. En general parto de una idea concreta y luego la obra toma un camino un tanto incierto. Es una especie de amnesia buscada», concluye Duville.
A.M.Q.


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