15 de enero 2010 - 00:00

EE.UU. actúa por altruismo y temor

Washington - A punto de cumplirse el primer año de su mandato, el presidente estadounidense, Barack Obama, ha mostrado por primera vez su faceta altruista en la ayuda para paliar catástrofes.

La maquinaria de ayuda estadounidense funciona a toda potencia con la ayuda de donativos, equipos de rescate, diplomáticos y soldados. Pero además de motivos humanitarios, Obama se mueve por otra preocupación: que una oleada de refugiados haitianos llame a las puertas de Estados Unidos.

La terrible noticia del terremoto llegó a la Casa Blanca a las 17.52 hora local. Obama apenas tardó media hora en reaccionar. «Con sólo un par de centenares de millas oceánicas entre nosotros y con la larga historia que nos une, los haitianos son vecinos de Estados Unidos», dijo.

En Estados Unidos viven unos 850.000 inmigrantes procedentes de Haití, aproximadamente la mitad de ellos en Florida, cuya principal metrópoli, Miami, sólo dista una hora de vuelo de la capital haitiana, Puerto Príncipe. Y desde el primer momento Obama tuvo mucho interés en evitar una llegada masiva de inmigrantes ilegales antes de que Haití se estabilice.

Por eso a nadie le sorprende que los estadounidenses sean los principales donantes de ayuda al país caribeño. Obama detuvo el miércoles el proceso de deportación de unos 30.000 inmigrantes haitianos ilegales que actualmente viven en el país. Al mismo tiempo su Gobierno envió una gran ayuda militar a Puerto Príncipe, que incluye un portaaviones y un barco anfibio con 2.000 marines que estarían listos para intervenir si se producen altercados.

«Es una tragedia bíblica que persigue a Haití y al pueblo haitiano», aseguró visiblemente conmovida la secretaria de Estado norteamericana, Hillary Clinton, quien el miércoles suspendió su gira por el Pacífico norte y también un viaje conjunto con el ministro de Defensa a Australia, para tener así total disposición a la crisis haitiana.

Tanto la secretaria de Estado como su marido, el ex presidente Bill Clinton, tienen una especial relación con Haití, donde en los años 70 pasaron su luna de miel. El ex presidente es además en la actualidad enviado especial de la ONU para el país, el más pobre de América.

También fue Bill Clinton quien intervino en 1994 para ayudar a volver al poder al depuesto presidente Jean-Bertrand Aristide, el primer mandatario en llegar al puesto mediante elecciones democráticas tras décadas de dictaduras militares. Sin embargo, tras su asunción, Aristide demostró ser tan corrupto como sus antecesores y en 2004 fue desalojado nuevamente del poder.

Bajo la supervisión de Naciones Unidas, en 2006 pudo ser elegido un nuevo presidente, René Preval, a quien Estados Unidos atribuye el mérito de haber conseguido estabilizar el país poco a poco. En julio último el Fondo Monetario Internacional (FMI) premió incluso la serie de reformas llevadas a cabo en Haití -a pesar de la situación desfavorable del país- y condonó un millón de dólares de su deuda.

«Nunca había habido tanta esperanza para el país», se lamento Hillary Clinton. «Y ahora llega la madre naturaleza y la destruye».

Agencia DPA

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