7 de marzo 2014 - 00:00

EE.UU.: artistas digitales reclaman proteccionismo

A pocas horas de la entrega de los Oscar, una multitud había ocupado la intersección de Hollywood Boulevard y Vine para protestar por la grave crisis por la que pasa la industria de los efectos visuales en general, y los artistas digitales en particular.

Algunas de las quejas tienen que ver con "la falta de respeto por los artistas digitales" que determinó que durante la ceremonia de 2013 se le haya otorgado menos tiempo que a ningún otro rubro la entrega del Oscar a los efectos visuales mientras el ganador de los efectos por "Pi: una aventura extraordinaria" trataba de enunciar la crisis del área, lo sacaron de escena sin miramientos-, además de temas más profundos como la falta de impuestos a efectos visuales producidos en otros países donde la actividad esta subsidiada.

Esta falta de política de protección a los efectos visuales producidos y diseñados en los Estados Unidos provocó la bancarrota de dos de las empresas mas importantes del rubro en ese país, Digital Domain y Rhythm&Hues (justamente la firma iba hundiéndose a partir del momento que ganaba el Oscar por el mencionado film.

El problema al que se enfrentan los artistas digitales de indudable importancia en el Hollywood del siglo XXI, que usa intensamente los efectos especiales generados por computadora- es que las firmas estadounidenses que los contratan no pueden competir con las subsidiadas por el estado en países como Canada o Nueva Zelanda.

Incluso, algunos de los que participaban de la protesta aseguraban que sus empresas les estaban proponiendo mudarse a Vancouver para trabajar en productoras subsidiarias de firmas estadounidenses, incluyendo las de estudios tan importantes como Sony. Muchos artistas digitales han perdido sus puestos fijos para dedicarse a trabajos free-lance por negarse a este tipo de mudanzas laborales.

El pedido de la Asociación de Artistas de Efectos Visuales es que el gobierno imponga un impuesto a las producciones con efectos visuales realizados en otros países. Pero, como éstos suelen ser enviados online a través de la web, resulta difícil identificarlos y gravarlos. La discusión es si un acta de 1930 que habla de importaciones a través de transmisiones electrónicas puede aplicarse a este caso.

Diego Curubeto

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