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EE.UU. “cree” que deportó a 463 indocumentados, pero no sabe qué hizo con sus hijos
La política de la administración republicana de judicializar y arrestar a esos inmigrantes derivó en la separación de centenares de familias. La Justicia pide explicaciones.
"¿Cómo podemos avanzar en un caso si no conocemos los deseos de los padres?", dijo Megan McKenna, portavoz de "Kids in Need of Defense" (Niños Necesitados de Defensa).
Incluyendo esos casos, el Gobierno dijo que hay 917 padres que no cumplen los requisitos para recibir a sus hijos o que todavía no se sabe que si pueden ser reunidos con ellos. Esa cifra incluye a los padres que ya no se encuentran en el país, así como a los que fueron considerados no aptos debido a condenas penales o por otros motivos.
La semana pasada, el juez Sabraw había ordenado la suspensión temporal de deportaciones de las familias inmigrantes reunidas.
El magistrado criticó a la Casa Blanca por lo que consideró medidas de seguridad innecesarias.
La mayoría de aquellas familias procede de Honduras, El Salvador y Guatemala, y llegaron a Estados Unidos huyendo de la violencia en el llamado "triángulo norte" centroamericano.
La separación se originó cuando el fiscal general, Jeff Sessions, dio en abril orden de perseguir penalmente a todo inmigrante indocumentado arrestado tras cruzar la frontera.
La persecución penal lleva implícito el envío a un centro carcelario, donde los niños no pueden estar más de veinte días, y estos fueron entonces separados de sus padres y quedaron bajo custodia del Departamento de Sanidad y Servicios Sociales.
Bautizada como "tolerancia cero", la administración de Trump ha utilizado esta política para desincentivar la llegada de inmigración ilegal.
Las separaciones generaron una ola de indignación con el Gobierno de Trump, al que se sumaron incluso la ONU y el papa Francisco, y el presidente de Estados Unidos acabó firmando el 20 de junio una orden ejecutiva en la que dispuso ponerles fin.
No pretendía, no obstante, acabar con la persecución penal de los indocumentados, sino que para mantener juntas a las familias quería el permiso de los tribunales para que los niños pudieran estar en la prisión junto a sus progenitores. Pero una jueza federal de Los Ángeles le negó ese permiso.
El juez Sabraw, entretanto, ordenó las reunificaciones, en respuesta a una demanda de la Unión Estadounidense por las Libertades Civiles (ACLU), una de las organizaciones más importantes de defensa de los derechos civiles del país.
El proceso de reunificación familiar se vio afectado por una serie de desórdenes de las agencias del Gobierno, por dificultades para rastrear a los adultos y a los niños y por la falta de comunicación con los abogados de los inmigrantes.
| Agencias DPA y Reuters |


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