25 de junio 2012 - 00:00

Egipto: proclaman presidente al líder de la Hermandad Musulmana

Mohamed Mursi, presidente electo de Egipto, se mostró ayer en televisión con un discurso moderado .
Mohamed Mursi, presidente electo de Egipto, se mostró ayer en televisión con un discurso moderado .
El Cairo - El islamista Mohamed Mursi, de 60 años, será el primer presidente civil de Egipto en seis décadas, después de que la Comisión Electoral culminara ayer con una semana de rumores y especulaciones al proclamarlo vencedor del balotaje de 16 y 17 de junio.

En el fruto más visible hasta el momento de la «primavera árabe» que sacudió el país del Nilo hace 17 meses, Mursi se alzó vencedor con un 51,73% de los votos tras derrotar al general retirado y último primer ministro de Hosni Mubarak, Ahmed Shafiq.

La euforia se desató de inmediato en la cairota plaza Tahrir, copada por decenas de miles de seguidores de Mursi, que celebraron el anuncio como si se tratara de una reedición de la «Revolución del 25 de Enero» que acabó con el viejo régimen. Muchos otros respiraron aliviados, más que eufóricos, ante la derrota de Shafiq, percibido por buena parte de la población como un garante de la continuación del antiguo régimen.

Shafiq, pese a todo, contó con el respaldo de casi la mitad de los electores, lo que evidencia la costosa tarea que le espera a Mursi para tratar de cerrar heridas y de espantar el fantasma de un estado islamizado.

«Les digo a todos: seré el presidente de todos los egipcios. Nadie será discriminado, y no se harán diferencias entre la gente salvo por su respeto a la Constitución y a la ley», aseveró Mursi al confirmarse los resultados. «La unidad nacional es la única salida a esta etapa para llegar al renacimiento de Egipto, haciendo uso de todos los recursos que tenemos», agregó.

En una alocución de marcado carácter conciliador, Mursi se comprometió a proteger a la institución de las Fuerzas Armadas -«a la que aprecio y quiero»-, saludó a la Policía y a los Servicios Secretos, y aseguró que trabajará para hacer de la Justicia «un tercer poder, independiente del Ejecutivo».

El islamista agradeció a la «sangre de los mártires y a las lágrimas de sus padres» haber posibilitado que sea el próximo presidente del país.

Por otro lado, Mursi aseguró que Egipto «establecerá relaciones equilibradas con todos los países a base de intereses comunes, beneficios iguales y respeto mutuo», afirmó poco después que se conocieran los resultados definitivos.

No hizo falta esperar a que el presidente de la Comisión Electoral, Faruq Sultán, leyese el resultado de Mursi. Apenas pronunció las cifras, la sala de prensa donde comparecía estalló en gritos. A duras penas, y tras un sinuoso discurso de más de media hora de duración, Sultán consiguió terminar su intervención, en la que defendió la neutralidad de su comisión y acusó a todos aquellos que la habían criticado al entender que habían «cocinado» los resultados.

El anuncio estaba previsto para el jueves pasado, pero el retraso de más de tres días dio pie a todo tipo de especulaciones, azuzadas por muchos medios de comunicación egipcios, que llegaron a hablar de que la Hermandad Musulmana (HM) preparaba «la masacre del siglo».

Poco después de oficializarse la victoria, Mursi abandonó el liderazgo de la Hermandad y de su Partido de la Libertad y la Justicia (PLJ). Pese a ello, el poco carismático Mursi es muy consciente de que su presidencia nace vacía de un buen número de prerrogativas ejecutivas, arrancadas por la Junta Militar en una veloz maniobra al cerrarse los colegios electorales el 17 de junio.

Por esa razón, la HM afirmó el viernes que mantendrán a sus militantes en Tahrir en la protesta contra las enmiendas constitucionales aprobadas por los generales y contra la disolución del Parlamento -donde también tenían mayoría- ordenada por el Tribunal Constitucional el 14 de junio.

Mursi ya lanzó su primer desafío a la cúpula castrense al anunciar que sólo jurará su cargo ante el Parlamento, y no ante el Tribunal Constitucional, como estipula la Constitución provisional en caso de que el Legislativo haya sido disuelto.

Mientras, en Tahrir era momento para la alegría desbordante, pero también para insistir en las demandas. «Estamos muy felices, pero seguiremos reivindicando, porque hasta ahora hemos conseguido nuestra libertad gracias a la fuerza del pueblo», dijo Mohamed Abu Leila, uno de los acampados en Tahrir.

El canto más entonado en Tahrir fue «una sola mano», eslogan de la revolución contra Mubarak y ahora recuperado por los manifestantes, aunque en la plaza la única mano que se veía era básicamente la islamista.

Agencias EFE, Reuters, AFP, ANSA y DPA, y Ámbito Financiero

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