El ahorro y los simios IV

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La primera critica "moderna" en contra del ahorro privado parece ser "Los tesoros y riquezas para poner al Estado en esplendor", de Barthélemy de Laffemas (circa 1598). Para De Laffemas -ministro de Finanzas de Enrique de Navarra y padre de la teoría del subconsumo y del mercantilismo-, el consumo de bienes de lujo de fabricación local permitía la prosperidad de los más pobres, en tanto el ahorro del dinero los condenaba a la inanición (cuanto más dinero pudiese extraer el monarca al pueblo y más gastase, más felices serían sus súbditos porque los intereses del rey y de la sociedad eran los mismos). En 1705 Bernard Mandeville publica su poema "La fábula de las abejas: vicios privados, beneficios públicos" como una sátira a la sociedad británica. Mandeville -en quien luego abrevará Adam Smith la idea de la mano invisible y la división del trabajo- creía que la acción colectiva del interés personal era lo que hacía grandes a las naciones, por lo que estaba a favor del ahorro privado, pero no creía que necesariamente el ahorro nacional derivaría en la prosperidad de un país (comentario a la línea 307). A pesar de esto, Leslie Stephens ("Diccionario de biografías nacionales", 1885) va un paso más allá y le adjudica postular que la prosperidad nacional aumentaba por el gasto y no por el ahorro, error en el que persistirá Keynes en el siglo XX. En una nota de 1847 ("Salarios"; expandida en "Grundrisse",1857) Karl Marx abrió una nueva vía de crítica contra el ahorro, al sostener que -como la educación- es una forma más en que los capitalistas subyugaban a los trabajadores y ralentizan el proceso de destrucción del capitalismo (Continúa). Ayer el Dow se recuperó el 1,22% a 15.628,53 puntos. Hoy: atención a los datos del empleo.

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