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El arte de Kupferminc teje pasado y presente con sentidos distintos
«Bordado en la piel de la memoria» y la significación tan diferente de dos tatuajes: el que dejó el Holocausto, y el de un joven que lo usa como signo de identidad tribal.
La muestra se titula «Bordado en la piel de la memoria», compuesta principalmente de grabados y fotografías. La presiden dos fotos, la de su madre, una aún muy bella mujer, sobreviviente del Holocausto, que lleva el tatuaje de un fatídico número en su brazo. Opuesta a ella, la de un joven que exhibe su tatuaje, sin duda elegido por él mismo como una suerte de trofeo estético. Esta confrontación señala en Kupferminc el propósito no olvidar y de que el mundo tampoco olvide semejante afrenta a la dignidad humana, un tema que ha estado presente en gran parte de su obra.
Pero, a su vez, se muestra tolerante en cuanto al libre albedrío del hombre que quizás quiera de ese modo demostrar su identidad. Una serie de fotografías, un primer plano de las palmas de la mano de la artista, «manos curtidas en la escuela del hacer» según el poeta Eliahu Toser, cubiertas por un encaje que revela las líneas, los surcos que nos identifican y que algunos creen poder leer, recorridas por el fatídico número o por frases, por ejemplo: «yo bordo, tu bordas, nosotros bordamos...», un mandato ancestral transmitido de generación en generación.
Tres puntos geográficos: Lodz (Polonia), Sárosd (Hungría) y Buenos Aires, un recorrido que atraviesa la historia familiar y que Kupferminc transmite como una afirmación de la vida. La línea del corazón: un obelisco, destino Buenos Aires. Acompaña la muestra un video y una performance que propone al visitante una situación vivencial sobre la discriminación y el poder sobre el propio cuerpo. Reconquista 761 Lunes a viernes de 15 a 19hs/ Sábados de 11 a 13hs. Clausura el 12 de diciembre.
Genoveva Fernández (Buenos Aires, 1963) se ha destacado en cada una de sus presentaciones por su rigurosidad formal rayana en lo lujoso. Casi siempre en forma de vestidos, su pintura de lo dorado a lo plateado, simulando gemas relucientes en un juego geométrico ilusorio de curvas. En su actual muestra en Elsi del Río (Humboldt 1510), los círculos se atropellan, se amontonan, se expanden, se diversifican en distintos tamaños, se convierten en puntos, se abren en flores, se toman prestado los elementos que los componen, y así la superficie no da tregua a la mirada. Hay un constante desplazamiento, rompe con la simetría tradicional, por ende, todo es móvil y todas las formas pueden ser transformadas hasta el infinito.
Aunque pueda ser calificada como decorativa, una palabra algo desprestigiada pero que parece volver por sus fueros, o acaso en los tiempos remotos, la decoración pura no se crea cuando se engendra la simetría, los ritmos de repetición, de alternancia, de inversión, y de modo general todas las combinaciones geométricas, abstractas. Pero no estamos en la Alta Edad Media y tampoco creemos que Fernández acuda a esa época como fuente de inspiración Simplemente hay que mirar y no hacer planteamientos de carácter estético. Hasta el 30 de diciembre.

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