El arte de un oficio en alza

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• DE GONZÁLEZ CATÁN AL CORAZÓN DE LA GUITARRA
En La Matanza, el Taller SanBry funciona como un espacio que comparte los conocimientos de luthería con la intención de generar nuevos trabajos y poner en movimientos otras economías locales.

Aquello que desarma, sangra. Ya lo pensó García, Charly, cuando graficó eso de que "no existe una escuela que enseñe a vivir". Pero en la calle está el agite. El movimiento de la cultura de los barrios. Las ansias. Con el oeste como mástil y el aire de las masas. Como bandera. Que flamea cuando el viento puja. Y nace, como grito, para generar otra vida, otra corriente. Como pasa allá por Catán, donde la gente del Taller de Luthería SanBry se propuso abrir las puertas de su conocimiento para que los vecinos tengan acceso a un mundo que parecía de pocos. Pero que gracias a Luis Castillo, Oscar Molina y Juan Míguez puede convertirse en el oficio de muchos.

Pero nada es fácil. Y todo tiene su recorrido. En la actualidad, el taller se sostiene gracias al ingreso que generan los talleres que brindan los tres maestros. Sin embargo, la ambición de poder dedicar la vida a su pasión los llevó a involucrarse con diferentes cursos de emprendedurismo. Y así ya comenzaron a darle forma a la construcción en serie de guitarras eléctricas y criollas con el fin de generar otra fuente de ingreso que permita seguir retroalimentando las diferentes áreas de trabajo del taller -sumado al calibrado y reparación de instrumentos-.

En la actualidad, el taller cuenta con diferentes cursos al que acuden personas de todas las edades y estratos sociales. "Tenemos casos muy diferentes. Viene gente a buscar un oficio de retiro o pibes que quieren que les armemos una guitarra, y les decimos que ellos pueden aprender y hacerlo. Hay un chico al que se le modificó el tratamiento de psiquiatría a través del taller", cuenta Molina. Y lo explica: "Me llamó un día en la semana y me dijo que estaba sentado en el cama lijando el diapasón. Cuando me volvió a llamar me contó que se había quedado dos días encerrado trabajando la guitarra y eso lo llevó a dejar de lado todo lo que le provocaba ansiedad. Al poco tiempo también se dio cuenta de que ya no estaba tomando la medicación y que ni siquiera estaba nervioso".

Los luthiers de SanBry son muy claros a la hora de encarar su forma de trabajo. "El objetivo primario es que la gente que viene se lleve un conocimiento", dice Molina. Y suma que "todos hacen cosas distintas y tienen sus diferentes necesidades de supervisión. Se copia mucho y luego se raciona. De la experiencia surge la pregunta". En esa misma línea, Míguez aporta que "la intención es compartir el conocimiento. Por experiencia, muchas veces los luthiers no te muestran cómo trabajan y son mezquinos a la hora de bridarte las herramientas. Acá todo está a disposición".

Castillo, maestro de física y matemática, va más allá: "En los cursos que conocemos te cuentan cómo hacer una guitarra, no te lo muestran. Pero sin la práctica es muy difícil. El 80 por ciento es práctica y un 20 por ciento, teoría. Porque la cuestión está en equivocarse y volver a restaurar". Incluso más. "Nos llegaron a decir que estábamos generando nuestra propia competencia. Pero como luthiers tenemos que brindarle al músico un abanico más amplio de posibilidades porque para ellos el instrumento es una parte de su cuerpo. Hay que hacer escuela porque, al fin y al cabo, el sol sale para todos".

Pero los luthiers tienen un objetivo principal y es poder terminar de darle forma al armado de guitarras en serie. Sin embargo, para este tipo de trabajos se necesita que diferentes actores funcionen a su favor. "Nos tenemos a nosotros y nada más. Todo lo demás está en contra. Con la apertura de las importaciones entraron guitarras de China que son de pésima calidad y que salen dos pesos. Y nosotros que podemos hacer algo bueno, por un costo bajo y con maderas nacionales, se nos complica", comenta Castillo. "Encima, se activa una economía y esto permite generar más ingresos en otros ámbitos. Porque no siempre es el ingreso de uno. Un emprendimiento pone en movimiento a otros. La idea es compartir", agrega Míguez.

El proyecto está claro. La idea es poder construir cien guitarras criollas al mes a un costo de mil pesos para venta institucional, a comercios o al público a un valor cercano a los 3 mil pesos, el mismo precio por el que se puede pagar por una guitarra de mala calidad. "Nosotros ofrecemos lo mejor de la gama más baja a ese precio. Claro que también hacemos guitarras medias y profesionales. Todo con maderas nacionales", cuenta Molina. Y Míguez sentencia: "Nuestra publicidad es esa. Te llevás algo que siempre es excelente por lo que pagás".

El sueño de la gente de SanBry es lograr que el título que ofrecen hoy en día pueda ser avalado por algún ministerio con el fin de institucionalizar un oficio en crecimiento. Parece estar encaminado. Durante un festival a beneficio del taller, que organizó el programa de radio Dale luz al instante (y que contó con la presencia de destacados músicos como Blues Motel, Ricardo Tapia, de La Mississippi, El Soldado y La Condena de Caín), más de 200 personas dijeron presentes en Lucille. Entre ellas había gente del Ministerio de Desarrollo Social y de Trabajo, quienes concurrieron para conocer parte de lo que sucede con SanBry. "La intención es lograr que el taller pueda funcionar como un centro de formación profesional. Ojalá se dé". Quizá, como canta León Gieco, esta sea la Navidad de Luis.

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