14 de agosto 2017 - 00:00

El atentado racista de Virginia le genera una nueva crisis a Trump

Siempre dado a volcar sus impresiones en Twitter, esta vez el presidente evitó condenar a la extrema derecha por el atropellamiento fatal de una mujer en Charlottesville.

HOMENAJE. Muchos estadounidenses rindieron ayer tributo a Heather Heyer, la abogada de 32 años que fue víctima el sábado del odio racista.
HOMENAJE. Muchos estadounidenses rindieron ayer tributo a Heather Heyer, la abogada de 32 años que fue víctima el sábado del odio racista.
Washington - El presidente estadounidense, Donald Trump, casi siempre fue criticado por lo que dijo. Pero esta vez desató la indignación, incluso en su propio partido, precisamente por lo que no dijo. Las reacciones fueron tan enconadas que muchos medios hablan ya de una nueva crisis en su presidencia.

La más que tibia reacción de Trump a la escalada de la violencia en la manifestación de extremistas de derecha y supremacistas blancos en Charlottesville, en el estado de Virginia, llamó aún más la atención por el contraste con la fuerza a la que respondió en los últimos días a la crisis norcoreana. Una reacción que hizo que mandatarios internacionales como el presidente chino Xi Jinping, el francés Emmanuel Macron o incluso la propia Corea del Norte lo llamaran a la moderación y que su propio secretario de Estado tuviera que aplacarlo.

Entonces Trump amenazó con responder con "furia e ira" a las provocaciones de Pyongyang. Y si entonces esas declaraciones fueron criticadas, algunos habían esperado algo de esa furia y esa ira frente lo ocurrido en la noche del sábado en el estado de Virginia, donde un vehículo embistió a un grupo de manifestantes que protestaban contra un acto de supremacistas blancos, matando a una mujer y dejando a otras 19 personas heridas.

"Trump balbucea ante una tragedia", tituló ayer un artículo de opinión The Washington Post, que aseguró que no todo presidente es igual de capaz de unir, consolar y transmitir claridad moral en medio de la confusión cuando una nación atraviesa tiempos difíciles. "Pero hasta ahora ninguno había sido incapaz. Hasta Donald Trump".

Los críticos llevan tiempo acusando a Trump de evasivas a la hora de condenar a la ultraderecha que votó por él y que encontró una nueva legitimación con su victoria, como muchos creen que dejó claro el sábado en Charlottesville.

Muchos de los supremacistas blancos que salieron a la calle el sábado llevaban pancartas del presidente e incluso el antiguo líder del Ku Klux Klan, David Duke, dijo ante las cámaras que llegó un "punto de inflexión" para un movimiento que quiere "cumplir las promesas de Donald Trump".

Duke es aquel hombre al que Trump dijo una vez no conocer, respondiendo a una pregunta de la prensa. Pero al que después describió como una "mala persona" y quien manifestó su rechazo.

Lo primero que quedó claro el sábado es lo espantosamente lenta que fue la reacción de Trump. Las escenas de extremistas de derecha que golpeaban a contramanifestantes, algunos con capuchas del Ku Klux Klan, banderas confederadas y bastones llevaban tiempo copando las pantallas cuando los moderadores de la televisión comenzaban a preguntar: ¿qué está haciendo Trump?

El presidente dejó actuar primero a la primera dama, Melania, que tuiteó: "Nuestro país alienta la libre expresión de una opinión, pero no nos permitimos comunicarnos sin odio en nuestros corazones. De la violencia no sale nada bueno".

Le siguió Paul Ryan, el principal republicanos en la Cámara de Representantes, que fue más claro a la hora de condenar la violencia en Charlottesville como "repugnante" e hizo un llamamiento a la unidad. Pero seguían los golpes.

El gobernador de Virginia, Terry McAulife, ya había declarado el estado de excepción en Charlottesville cuando Trump seguía sin mover un dedo, tan dado en otras ocasiones a acudir a Twitter. Y cuando finalmente lo hizo, el resultado fue el siguiente: "TODOS nosotros debemos estar unidos y condenar todo lo que suponga odio. No hay lugar para este tipo de violencia en EE.UU.". Ni rastro de términos como "extremistas de derecha" o "racistas".

Y en un discurso posterior fue aún peor: decido a no nombrar las cosas por su nombre, intentó "retratar la violencia como una plaga crónica más allá de las partes", señaló el The New York Times. Trump condenó el odio "de muchas partes" y no específicamente del extremismo de derecha.

Agencia DPA y Ámbito Financiero

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