Periodista: Luego de haber recorrido e investigado las grandes fincas de campo de nuestro país, ¿qué piensa del turismo de estancias?
Yuyú Guzmán: Dado que soy quien sacó a la luz ese tema hace muchos años, me siento que he sido la descubridora del turismo de estancias. Si bien mi intención al visitar tantas estancias no fue el turismo, sino fue la investigación (la industria más importante argentina sale del campo), me convertí como visitadora de estancias en una pionera de ese tipo de turismo. Se produce un fenómeno muy interesante cuando se abren las tranqueras al turismo. Una vez que el estanciero venció su propia resistencia al cambio, decidió abandonar el proverbial aislamiento y recibir al extraño en su casa, extrae cosas interesantes de todas partes y se esmera por mostrarse como un referente localista y tradicional de la provincia con la que se identifica.
P.: En su más reciente libro señala estancias de siete zonas: Salta, Mendoza, Córdoba, Santa Fe, Entre Ríos, Corrientes y Misiones, pero usted ha estado en otros lugares del país.
Y.G.: Yo soy bonaerense, por eso mis primeros libros son sobre estancias de la provincia de Buenos Aires, que en eso da para mucho. A partir de un momento, trazando una línea de Buenos Aires a Mendoza, recorrí todas las provincias del norte, sobre todo porque había empezado el programa "El país de las estancias", y el título del programa nos impuso dar a conocer estancias que hay en todo el territorio. Empezamos por el norte y luego fuimos a las viejas estancias de la Patagonia.
P.: De esas estancias, ¿en cuántas se puede ir a pasar un día, unos días, un fin de semana?
Y.G.: Las que están abiertas al turismo son muy pocas. Pero las suficientes para que tanto argentinos como extranjeros puedan ir y ver cómo es en la intimidad una estancia argentina. Porque cada estancia tiene su propia intimidad. Pero, en conjunto, la vida doméstica es un poco parecida en cuanto a la rutina hogareña. Fuera de eso, la estancia está rodeada por ese paisaje que le ha dado su carácter. Y está la industria rural, la fábrica de carne y de granos. Si uno habla con los dueños, hay historias que pueden contar degustando asados. Resulta atractivo salir a caballo con el dueño de la estancia y que vaya contando cosas a medida que observan hitos que son parte de la historia del lugar y de la vida de la estancia.
P.: ¿Hay algunas estancias que la hayan sorprendido en especial?
Y.G.: La que más me impactó es la Acelaín, en Tandil. Me gustó por todo lo que le sobra como estancia, que es la parte estética. Es la estancia que hizo el escritor Enrique Larreta, quien sobre una sierra de Tandil hizo un alcázar, un castillo, un desparramo de cultura arquitectónica del renacimiento español. Todo eso le sobra a la estancia, no necesita tenerlo, pero lo tiene. Acelaín es una aldea en Gipúzcoa, el País Vasco, donde había nacido Larreta. Esa estancia durante un tiempo estuvo abierta al turismo, ahora se la puede admirar desde afuera. A Acelaín uno va por la Ruta 226, en el partido de Tandil, pero para llegar hay que hacer 23 kilómetros de tierra. Eso hace que cuando llueve no se puede ir, o no se puede salir de allí.
P.: ¿Qué estancias le gustan al turismo?
Y.G.: En Salta está El Bordo de las Lanzas, que es una de las primeras estancias que se abrió al turismo. Si bien está lejos de la Ciudad de Buenos Aires, los turistas, sobre todo extranjeros que van a Salta, suelen ir a pasar unos días en esa estancia. Es como un ícono estanciero: allí está la historia de Salta a través de familias que tuvieron la estancia hasta hoy. Fueron sumando edificaciones en el casco, haciéndolo cada vez más lindo, más confortable, ideal para que vaya el turista. El de las estancias es un tema que no deja de sorprenderme. Dado que ahora estoy en la Patagonia, no sólo las estancias más chicas, que son las que han quedado ahora, todas son derivaciones de estancias muy grandes. Aquí hay pocas abiertas al turismo, pero las hay y son estepariamente bellas.
P.: ¿Hay un recorrido para porteños con auto que quieran conocer estancias?
Y.G.: En la provincia de Buenos Aires hay muchas estancias abiertas al turismo. Bella Vista es una estancia que está sobre el río Salado, cerca de la Ruta 2; era una casa muy importante que compró una arquitecta y la ha reciclado y preparado para turistas. En ese tipo de estancias se encuentra paisaje, lugar para habitar y una historia interesante. Cerca está la muy bonita estancia Larroquel, y en Dolores está la estancia Dos Talas, que fue de Pedro Luro, que es pionera en la zona en turismo de estancias.
| Entrevista de Máximo Soto |


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