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“El bailarín también debe ser actor para completarse”
Ludmila Pagliero, la argentina que es primera bailarina en la Ópera de París, debutará en el Argentino de La Plata con el protagónico de «La bella durmiente» de Tchaikovsky-Galizzi.
Pagliero encarnará a Aurora y Chailloux al Príncipe Florimond los días 16 y 18, mientras que el 17 y 19 los papeles serán asumidos por Julieta Paul y Bautista Parada. Dialogamos con Pagliero (quien se educó en el Instituto del Colón y en forma particular con Olga Ferri) acerca de esta producción y de su trabajo en la compañía parisiense, del que es la primera argentina integrante.
Periodista: Es su debut en un ballet completo en su país. ¿Cómo siente esta experiencia?
Ludmila Pagliero: Había estado para los 100 años del Teatro Colón haciendo un acto de «Coppélia», pero es la primera vez que vuelvo en estas condiciones. Estoy muy feliz de bailar en La Plata, de darles a mi familia, mis amigos y mi país la oportunidad de conocerme haciendo el arte que amo profundamente. Espero que este regreso pueda traer muchos otros más, porque el país se extraña.
P.: ¿Mantiene contacto con colegas argentinos?
L.P.: Sí, últimamente es más fácil a través de internet. El mundo de la danza sigue siendo muy chico. Siempre hay novedades de bailarines argentinos en el exterior, y muchas veces me encuentro con los que están bailando en Europa.
P.: Usted preparó este papel con Aurélie Dupont, étoile del Ballet de la Ópera.
L.P.: Sí, casi siempre trabajo con ella para mis concursos y espectáculos, es como mi entrenadora personal. Tenemos una muy buena relación y compartimos la visión del arte que hacemos, de manera que es muy fácil trabajar. Ella conoce muy bien este ballet, aunque la versión que ella bailó es la de Nureyev. Es uno de los ballets clásicos menos contaminados de cambios, uno de los más puramente Petipa, y por eso es mucho más fácil abordarlo. Teníamos el video de esta versión de Mario Galizzi y pudimos estudiarla. Empecé hace dos meses, porque tenía que hacerlo fuera de la rutina de la Ópera. Es un ballet técnicamente exigente, hay que ensayar mucho para poder sentirse cómodo.
P.: ¿Cómo resumiría esa visión sobre el ballet de la que hablaba recién?
L.P.: En la danza obviamente está todo el trabajo técnico, pero eso se empieza desde los 9 años, y más tarde, cuando uno es profesional se da cuenta de que los pasos siguen siendo pasos, pero lo que va a permitir contar una historia y sentirla con fuerza en el escenario es la interpretación, la comprensión del personaje... Un poco es el trabajo de un actor. Cuando se logra fusionar la técnica y lo artístico los pasos se vuelven el medio para expresar palabras o sentimientos, y el mundo de la danza cambia completamente, deja de ser una gimnasia para convertirse en un arte.
P.: ¿Qué diferencia al Ballet de la Ópera de París de otras grandes compañías? ¿Cómo es el trabajo cotidiano?
L.P.: Es una gran empresa, una institución enorme, con un repertorio grande y variado, funcionando en dos teatros y a veces con dos espectáculos simultáneos. No hay tiempo de aburrirse. Una vez por año hay un concurso para ascender de categoría, que les da a todos los integrantes la posibilidad de demostrar en dos variaciones su madurez. Es una muy buena idea, ya que cuando uno está a principio en el cuerpo de baile tiene muy pocas oportunidades de lucimiento. Por supuesto está la competencia natural que se crea al haber tal diversidad, hay que estar siempre listo para salir a bailar en las mejores condiciones y siempre motivado para crecer.
P.: ¿Qué recuerdos guarda de su formación en el Instituto del Colón y de su paso por el Ballet de Santiago?
L.P.: El Instituto es una gran escuela, hay una gran cultura de la danza clásica y muchos maestros con conocimientos sólidos. Allí tuve la oportunidad de conocer las diferentes escuelas, lo cual me permitió después amoldarme a los estilos que me tocaba bailar. En Santiago, Ricardo Bustamante me dio la oportunidad de hacer muchos papeles como solista, y cuando entré al American Ballet o a la Ópera como cuerpo de baile tenía una experiencia que otros colegas míos no tenían, y pude aprovechar esa ventaja para hacerme ver y crecer en la compañía, donde hay apenas 10 ó 15 extranjeros de los 150 que la integran, y haber llegado a primera en el tiempo en que lo hice es poco frecuente.
P.: ¿Es más difícil para un extranjero que para un francés ascender en la compañía?
L.P.: Si uno muestra interés, disciplina y confianza, hay posibilidades. Por supuesto que no es casual que haya una escuela, una cadena que se forma, y ellos prefieren seguirla, por eso los extranjeros que llegaron son excepciones. En mi caso, creo que todo lo que logré en mi carrera fue fruto del trabajo.
Entrevista de Margarita Pollini

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