El IPOM analizó la experiencia antiinflacionaria brasileña como espejo para el caso argentino: "Desde fines de 2014 el Banco Central de Brasil (BACEN) incrementó su tasa de política monetaria, en respuesta a la aceleración inflacionaria. Si bien a comienzos de 2016 el crecimiento de los precios comenzó a mostrar una gradual moderación, el BACEN mantuvo su tasa de interés invariante con el objeto de acentuar el carácter antiinflacionario de su política. De este modo, en términos reales, la tasa de interés de política continuó elevándose, hasta alcanzar niveles por encima del 8%, el mayor de los últimos años. Así, se consolidó el proceso de desaceleración inflacionaria desde una inflación interanual más de 10% a fines de 2015 a 3% a mediados de 2017, período en el cual, en paralelo, comenzó a registrarse una recuperación en la actividad económica. Los efectos positivos de la reducción de la inflación son conocidos. En el mediano y largo plazo se destaca la reducción de la incertidumbre. Un efecto más inmediato es la reducción del impuesto inflacionario, que es altamente regresivo. Pero muchas veces se piensa que para reducir la inflación debe sacrificarse el crecimiento de la actividad económica. Los datos recientes de Argentina y Brasil muestran justamente lo contrario, que una desaceleración de la inflación es perfectamente compatible con el crecimiento de la actividad económica".
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