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El cepo cambiario cumplió un año (y proyecta larga vida)
El temor en un año electoral frente a la fuerte demanda de dólares jugó a la hora de decidir qué medidas tomar. El balance cambiario de 2011 arrojó que la fuga de divisas llegó a u$s 21.504 millones, un 88% más que los u$s 11.410 millones de 2010 y cerca de los u$s 23.098 millones de 2008. Un informe de la consultora Econométrica advierte que en las últimas dos décadas el sector privado destinó en promedio el 2,9% del PBI anual a la compra de dólares.
Mucho cambió en las variables económicas desde entonces. Uno de los primeros sectores afectados fue el inmobiliario, que vio reducida su actividad al no poder concretar las operaciones con dólares. Así, la construcción también se resintió y ya multiplica este efecto en la variación del PBI, que se estima cerrará este año con un incremento del 2,6% respecto de 2011, el menor crecimiento de los últimos años.
Además, la brecha entre el valor del dólar oficial y el paralelo creció: mientras que en noviembre del año pasado la diferencia era de un 11%, llegó a tocar un 35% (cuando el «blue» se ubicó en su máximo de $ 6,83 a mediados de julio). Así, mientras que el oficial creció un 11,73% desde el 31 de octubre de 2011, el paralelo aumentó un 39%.
Una de las últimas víctimas fue la deuda provincial emitida en dólares, cuando el Gobierno de Jorge Capitanich anunció que pagaría en pesos al tipo de cambio oficial cuando los tenedores de estos bonos esperaban divisas. El «efecto Chaco» se tradujo, además de la caída durante algunos días en los títulos, en que la entidad monetaria emitió un comunicado en el que oficializa que sólo los emisores de deuda bajo ley extranjera y las del Estado nacional podrán comprar dólares en el mercado de cambios.

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