17 de diciembre 2008 - 00:00

EL CONTEXTO

Francia alberga a la comunidad musulmana más numerosa de Europa occidental: 5 millones de personas sobre una población total de 65 millones (7,7%).
Eso, en teoría, la hace más vulnerable a la penetración del islam fundamentalista, pero lo concreto es que el país no ha sufrido atentados desde el 11-S. Con todo, las autoridades aseguraron haber desbaratado en los últimos años varios complots, como uno de cuño checheno con material químico dirigido contra objetivos rusos en París, un atentado contra el aeropuerto de la capital y un ataque con aviones a la Torre Eiffel.
La falta de atentados puede deberse, en parte, a la oposición del presidente François Mitterrand a la invasión multinacional a Irak en 2003 y a la tradicional política exterior de proximidad con el mundo musulmán, pero seguramente responde también a los méritos de los organismos de seguridad.
La población musulmana de Francia se compone básicamente de inmigrantes provenientes de Argelia, Túnez y Marruecos. Sufre un desempleo superior al 14%, casi el doble de la media nacional.
Esto estuvo detrás de los graves disturbios étnicos que se desataron en 2005 en los suburbios de las grandes ciudades.
Un foco de conflicto entre la comunidad islámica y el Estado se da en torno a la prohibición del uso del velo en las escuelas y universidades estatales.