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El día que Federer fue argentino
Juan Martín del Potro ganó el partido, después de perder el primer set. Pero la ovación fue para Federer.
Es que Roger Federer, el hombre que concitó el interés de todos los argentinos desde que llegó al país, se hizo desear. Ingresó media hora después de lo pautado, a raíz de un inconveniente en una de las tribunas tubulares, que se hundió y cedió unos diez centímetros, lo que obligó a desalojar y reubicar a unas 150 personas. El nerviosismo se hizo sentir en los fanáticos, hambrientos del talento de la leyenda suiza. Ahí estaban Susana Giménez, fanática del tandilense, aplaudiendo a rabiar junto con su hija, Mercedes. También se los vio a Aníbal Pachano, Ana Sanz, Reina Reech, Horacio Cabak. Pero, sin dudas, hubo alguien que provocó malestar en las tribunas. No bien se acomodó en su lugar exclusivo, el juez federal Norberto Oyarbide fue silbado e insultado desde los cuatro costados hasta que se retiró en el medio del match. A la hora de jugar, ambos se mostraron concentradísimos y predispuestos al buen juego, como si estuvieran disputando un Grand Slam o reeditando lo que animaron meses atrás en los Juegos Olímpicos de Londres. Cada tanto, un tibio aliento para Del Potro, el partenaire de lujo para la ocasión. Obsequiaron un par de «Gran Willy» y pelotas para todo el mundo. Nadie se perdió la visita de Roger Federer. Los que vinieron se llevaron mucho más que un gran partido de tenis, que terminó en manos de la Torre de Tandil por 3-6, 6-3 y 6-4. Fue una hora y 38 minutos en la que miles de almas deliraron al compás del mejor de todos los tiempos.


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