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El día en que la máquina le dijo “basta”
Djokovic, tendido en el suelo del Belgrado Arena. Su espalda le pasó factura y le dijo basta, en el punto clave.
El llanto de Djokovic al sentarse en el banco fue conmovedor. «La Davis es una competición muy especial para mí», explicó. Sus padres, en un palco cercano, miraban sin entender muy bien qué estaba sucediendo.
El serbio se retiró del estadio con una faja y con hielo, por precaución. Se fue con la misma ovación -estremecedora- por parte de las 15.000 personas que lo habían recibido apenas ingresó en la pista del Belgrado Arena. Djokovic confesó que estaba al 60% de sus posibilidades, pero que de todas maneras optaron porque él jugase, aun con Viktor Troicki en óptimas condiciones. «Me enfrenté a un jugador que sacó como pocas veces me había pasado en mi carrera», elogió Djokovic a Del Potro.

