- ámbito
- Edición Impresa
El “Don Carlo” verdiano con una mirada política
Eugenio Zanetti, ganador del Oscar por su diseño visual para la película “Restauración”, debuta como puestista en el Teatro Colón con el “Don Carlo” de Giuseppe Verdi.
En las funciones del domingo, miércoles 23, sábado 26 y martes 29 el infante de España estará encarnado por José Bros, Elisabetta de Valois por Tamar Iveri, la Princesa Eboli por Beatrice Uria-Monzón, Rodrigo por Fabián Veloz, Felipe II por Alexander Vinogradov, El Gran Inquisidor por Alexei Tanovitski, El Fraile por Lucas Debevec-Mayer, Tebaldo por Rocío Giordano, el Heraldo por Iván Maier, el Conde de Lerma por Arnaldo Quiroga y Marisú Pavón será la Voz del Cielo.
Por su parte, los papeles principales estarán cubiertos en las funciones del 22 y 27 por Gustavo López Manzitti, Haydée Dabusti, María Luján Mirabelli, Alejandro Meerapfel, Lucas Debevec, Emiliano Bulacios y Carlos Esquivel. Participarán el Coro y Orquesta Estables del Teatro Colón.
Dialogamos con Zanetti.
Periodista: ¿Desde qué punto de vista encara este "Don Carlo"?
Eugenio Zanetti: Mi punto de vista contemporáneo, entre comillas, es más político que formal. En este universo, este imperio del que Felipe es la cabeza junto con la Inquisición, el poder divino y el poder humano, lo que hice fue modificar, como en el cine, el ángulo desde el cual miro la ópera. Y la veo desde los ojos del rey, que ve que este universo se va corrompiendo, derrumbando, desmenuzando, pudriéndose. El rey está presente en muchas escenas en las que originalmente no está, y ve lo que sucede. Es más una introspección psicológica del rey que un melodrama en el cual están las cosas que la pasan a Carlos; eso sucede tal cual pero el que mira este universo es el rey. Esto le da una realidad psicológica más contemporánea, la presencia de un yo observador nuevo le da mucha libertad en la puesta, me saca específicamente del melodrama en sí, no estoy dentro sino mostrándolo. Que es algo natural porque es una obra escrita en 1860, no hay forma de escapar a eso pero está tan bien integrado con la música que no es un problema, se le ha dado la bienvenida al melodrama. Después respeté ciertas cosas clásicas, como la unidad de lugar de la tragedia griega, sólo que en este caso todo se mueve y cambia pero es lo mismo. No quería que saliera una escenografía y entrara otra, una cosa decimonónica. Si bien los objetos son de época, el uso que se hace de los espacios es contemporáneo, no hay ilusión de por medio.
P.: ¿Qué versión se hará?
E.Z.: La versión en italiano, en cuatro actos. Lo estudiamos con Ira Levin, prolijamente, antes. La mayoría de las melodías importantes de la versión en cinco actos Verdi las puso lo mismo, y lo que ocurre no es tan importante; es mejor que haya ocurrido antes y todo el mundo se acuerde de Fontainebleau que verlo, no hace falta. Y estamos haciendo una pausa al final del auto-da-fe, con lo que queda una hora y media de ópera y una hora y cuarto después. Es más soportable, no se tiene la sensación de mamotreto.
P.: En realidad a veces lo que más alarga estas óperas son los intervalos...
E.Z.: Es verdad. Con un gran esfuerzo de la orquesta y con el disco y todo lo que estamos haciendo todo fluye más rápido. Es una ópera muy compleja: hay 110 personas en el coro, más 35 figurantes, más veintipico de principales. Todas estas personas tienen que circular. Ensayé primero con los "figurantes-guía", un grupo de actores y bailarines y guían a los grupos del coro, porque si no es muy difícil. Y todo tiene sus bemoles, en la ópera los tiempos no son como en el teatro dramático. Pero estoy muy contento, me encanta lo que estamos haciendo, la música es realmente extraordinaria. Parece un lugar común lo que digo, pero es verdad: cuanto más uno se mete en la música más se da cuenta de por qué Verdi es Verdi. Es una ópera muy moderna para su tiempo, está todo muy integrado.
P.: ¿Había hecho puestas de ópera anteriormente?
E.Z.: No, he hecho afuera un par de cosas, mucha menos ópera de la que me hubiera gustado. El cine me absorbió mi segundo acto, hice poco en teatro y en ópera. Todo es un debut en mi vida, siempre estoy pagando derecho de piso. Tuve una etapa en mi juventud de mucho teatro, dirigí acá y afuera, hice mucha comedia musical que no es lo mismo pero hay un lenguaje similar. Me fueron quedando baches y los voy llenando.
P.: ¿Cuál es su visión de los personajes principales de este drama?
E.Z.: En términos personales, me parece que entre los conflictos humanos y los de estado hay un enorme paralelo, en ese sentido la ópera se parece mucho a nuestro mundo contemporáneo. Estas personas que están atrapadas en los círculos del poder por nacimiento o porque son políticos no pueden escapar a las presiones y a su propia propaganda, entonces están sumergidos en ese mundo. La Inquisición es un universo en el cual la iglesia extiende una propaganda a nivel global. Todas estas personas viven en estas enormes ilusiones creadas por la propaganda del poder. Eso hace que sea como si estuvieran constantemente mirando una película. Les es muy difícil vivir esos conflictos como seres humanos, tienen que vivirlos como entidades dentro de la trama del poder. Haberlo llevado a que sea siempre el punto de vista del rey ayudó a "aggiornar" la cosa.
P.: ¿Le interesó basarse en los hechos y personajes históricos o en aspectos del drama de Schiller que no están en el libreto de la ópera?
E.Z.: Estudié a Schiller, pero me gusta más el libreto. Me pasa siempre con las cosas de época: me preguntan si investigué, y pienso que es al revés. Uno mira el conflicto y toma sus decisiones sobre lo que eso necesita pasa ser contado. Por ejemplo en "Restauración" [película por la que Zanetti ganó el Oscar en la categoría Dirección de Arte], era muy importante la escena en la que él ve por primera vez a la protagonista y se tiene que casar, y ella es la mujer del rey, y él tiene la premisa de que no se puede enamorar y se enamora instantáneamente. Yo hice un casamiento que nunca existió en Inglaterra, en barcas. Después uno hace que se parezca a la época. Primero uno encuentra lo que necesita: necesito que se caiga la pared, pero nunca se cayó la pared en el Escorial. Después busco que se parezca a la realidad de ese lugar. Primero viene la necesidad dramática y después la justificación histórica.
Entrevista de Margarita Pollini


Dejá tu comentario