18 de junio 2009 - 00:00

El e-book, según expertos, tardará en imponer su dominio

Para la mítica agente literaria Carmen Balcells, el libro electrónico deberá consolidarse como un nuevo canal de explotación de los derechos de autor ordenado y sujeto a las normas del mercado.
Para la mítica agente literaria Carmen Balcells, el libro electrónico deberá consolidarse como un nuevo canal de explotación de los derechos de autor ordenado y sujeto a las normas del mercado.
Un mundo sin libros ni medios audiovisuales acumulables, como el CD o el DVD, no es ya más el paisaje ominoso de películas futuristas como «Fahrenheit 451» en los '60, sino una realidad avizorable. El último domingo, cuando terminó la última Feria del Libro de Madrid (cuyo tema dominante fue el e book, o libro electrónico) coincidió con el cierre, en Nueva York, de la última filial sobreviviente de la cadena Virgin Records, la de Union Square. A fines de 2006 se había desplomado Tower Records (que en los años de la ilusión de los 90 hasta llegó a tener filiales en la Argentina), al igual que otras cadenas como HMV y Trans World Entertainment. Dentro de poco, se profetiza, comprar CDs o DVDs se convertirá en una especialidad de «nicho» para el público más especializado, tanto como lo es hoy ir a la busca de discos de vinilo.

El dominio de los MP3, Internet y el aumento de las descargas ilegales, generaron un escenario ante el cual las tiendas tradicionales son débiles. Según un estudio de Nielsen SoundScan, los cierres son consecuencia de la baja de ventas de música en soportes físicos que cayó un 45%, respecto del récord registrado en año 2000, en 785 millones de álbumes. Virgin, simultáneamente, lanzó una propuesta de supervivencia on line, asociada con Universal Music: un sitio para descargar música en formato digital, como iTunes de Apple. Tower, por el momento, mantiene su shop únicamente a través de la red, donde dominan desde hace años otras tiendas virtuales como Amazon.

¿Qué ocurrirá con el libro? Google quiere ingresar ahora en el mercado de los e-books, un segmento hasta ahora liderado por la citada Amazon, que ya lanzó un reproductor de libros electróncios llamado Kindle. Según «The New York Times», Google lanzaría un programa para que los editores puedan vender versiones digitales de sus títulos través del buscador. Para competir con Amazon, Google admitiría que el editor fijara el precio que cree adecuado, en cambio Amazon ha uniformado sus valores en 7 dólares (lo que despierta muchas protestas por parte del mundo editorial, cuyas ganancias se ven recortadas).

El libro digital permitirá viajar sin peso, ahorrar espacio, una lectura más cómoda a través de la configuración personal de la tipografía, acercar el libro a los adictos a la computación, pero junto con estas ventajas, escritores y libreros temen una futura extinción similar a la que viene sufriendo el CD o el DVD.

Responsables de diferentes sectores del libro expresaron durante la Feria de Madrid su admiración y temores ante el e-book, término que designa no sólo al soporte vendido en algunas librerías -el dispositivo inalámbrico del tamaño de un libro y poco grosor en cuya pantalla pueden almacenarse y leerse, es decir, como el Kindle de Amazon-, sino al libro digitalizado que puede descargarse y leerse en computadoras y celulares.

«Para quien no lee, porque se maneja en internet, el libro digital es el mejor soporte para iniciarse en la lectura», señaló Jesús Badenes, director de liberías de la editorial Planeta. «Se podrá viajar con libros gordos», que en el nuevo soporte ya no pesarán, subrayó.

El Kindle de Amazon ya tiene competidores como el de Sony, Iliad y Cybook, pero aún caros (entre 280 y casi 600 euros en España), aunque «dentro de muy poco van a bajar», según Ignacio Latasa, director del fabricante español de soportes Leer-e. Hoy las editoriales especializadas «son la avanzada natural», según Badenes. La editorial jurídica española Aranzadi, comprada por Thomson, obtiene más de 70% de sus ingresos con libros electrónicos. Y la revista científica británica Nature pasó de 60.000 suscripciones a 300.000 gracias a su edición digital.

Pero las bondades del libro electrónico vienen acompañadas de inquietudes: los escritores ven peligrar sus ingresos si, tal como ocurre en la música y las películas en internet, se cuelgan en la web sin permiso o si se generalizan las descargas gratuitas.

Existe una «expectativa de gratuidad» hacia los contenidos en internet «que no se tiene de otros bienes» como la computadora, la conexión a internet, la electricidad o el Kindle, según Victoriano Colodrón, director técnico de Cedro, que gestiona los derechos de autor y que el año pasado logró retirar 50 obras de la web colgadas sin autorización.

«¿Qué precio vamos a pagar si dejamos de percibir los derechos de autor?», se preguntó la escritora Care Santos. Además «las librerías tendrán un problema cuando se venda en virtual» porque no podrán competir, según el director de Leer.e, asociada a la agencia literaria de Carmen Balcells para vender libros electrónicos. Por eso la catalana Edi.cat ha decidido por que sus libros digitales se vendan en las librerías en forma de una tarjeta con un código con el que el usuario descargará la publicación.

Y Balcells apuesta por un ajuste apropiado del sector que permita que el e-libro «se consolide como un nuevo canal de explotación de los derechos de autor ordenado y sujeto a las normas del mercado», que permita «retribuir justamente al autor» y «aumentar el consumo del libro manteniendo la dignidad del sector», según su responsable Javier Martín.

Google ya ha digitalizado unos 7 millones de libros accediendo a los archivos de bibliotecas de todo el mundo, y ha anunciado que además de permitir la libre consulta en Google Books Search, los venderá. Más allá de las ventajas y peligros del e-book, la mayoría no cree que arrase. Ambos convivirán un tiempo, 10 años, según una encuesta de la pasada feria del libro de Frankfurt, según la cual 60% de los editores no ha digitalizado libros todavía. En Estados Unidos los digitales suponen hoy un 0,6% de la cifra de negocio total, y en el Reino Unido, un 0,1%.

Agencias EFE y Reuters

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