7 de diciembre 2011 - 00:00

El excelente Pamuk es un ensayista ingenuo

El excelente Pamuk es un ensayista ingenuo
Orham Pamuk «El novelista ingenuo y el sentimental» (Bs.As., Mondadori, 2011, 161 págs.)

El 19 de diciembre, Orham Pamuk, el escritor turco Premio Nobel de Literatura 2006, estará en Buenos Aires, presentando en el Malba «El novelista ingenuo y el sentimental», libro que reúne las seis charlas que dio en las Conferencias Norton de la Universidad de Harvard, donde con anterioridad había estado Umberto Eco dictando las que llamó «Confesiones de un joven novelista». Nada más opuesto que esos dos libros, pero no es éste el lugar para confrontarlos.

En sus conferencias, Pamuk muestra los efectos que las novelas tienen en sus lectores, como trabajan los novelistas que, siguiendo un famoso ensayo de Friedrich Schiler, se dividen en tres grandes tipos: los ingenuos, intuitivos, espontáneos, cuyos textos parecen soplados por los dioses, su estilo es natural, seguro de que cada palabra es espejo de la realidad; los escritores sentimentales, que más que sentimentales son racionales, que hacen una crítica constante de lo que producen, que son conscientes de su oficio; y finalmente están aquellos, entre los que se coloca a sí mismo Pamuk, que son a la vez ingenuos y sentimentales.

Ese tipo de divisiones se han dado por los común respecto a la forma de leer, así Cortázar hablaba de un lector hembra -nada que ver con el género- que se dejaba arrastrar por lo escrito, y el lector crítico, confrontativo, cuestionador del artefacto literario. De modo parecido Michel Foucault habló de un lector ideal y un lector implicado. Esas posturas se pueden ver también en los autores.

Pamuk muestra cómo la novela entrega un mundo ficticio que descubrimos más real que el propio mundo real. Hace ver el mundo simultáneamente desde múltiples puntos de vista, y ésa es su superioridad respecto a otras artes. Indica que «obtener el placer de una novela es disfrutar del acto de separarse de las palabras y transformarlas en imágenes en nuestra mente». Y es por eso que «la novela se ha convertido en la forma literaria dominante y ha difundido de forma gradual, en sociedades de todo el mundo, el concepto de ficción». Además, «lo que distingue a las novelas de otras narraciones literarias es un centro secreto», que no es su tema, ni su conclusión, sino el enigma que está en su núcleo.

La apología que hace Pamuk de la novela es controversial para un lector sentimental, activo, crítico, y profundamente reveladora para un lector ingenuo, pasional, sensible. Cuando Pamuk se define como un autor a la vez ingenuo y sentimental, esto vale en la medida que siempre se ha considerado «un escritor experimental que tambien puede ser popular», y allí reside su destreza de extraordinario narrador. En tanto que cuando se pone en ensayista, en buscar una teoría de lo que hace, se convierte en novelista ingenuo, cuya pasión por su oficio le impide ver que, por caso, la conciencia de la ficción ya la habían puesto en marcha con el teatro los griegos en tiempos de Pericles, o que él, que fue guionista y pintor, pasa por alto que también el cine ha competido con la novela, obteniendo sus extraordinarias e inconfundibles victorias.

M.S.