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El Festival de Santos hace empalidecer a sus vecinos
«Policarpo Cuaresma» de Antunes Filho se verá hoy en el Festival de Artes Escénicas de Santos, que le dedicó al patriarca del teatro brasileño un libro de 400 páginas y excelente calidad.
Otra sorpresa es la omnipresencia de Santos de Miranda («¡Pero este Danilo es Dios!», exclamó una actriz argentina casi escandalizada, «¡está en todas partes!»), un hombre de templanza y buen humor inalterables, que además de ofrecer una comida pantagruélica a la comitiva argentina, que lideraba Hernán Lombardi, la primera noche, compartió un largo almuerzo con los periodistas invitados (tres diarios y una revista). Antes de entrar en tema, recomendó tomar agua de coco: una «bendición de la naturaleza», que «no tiene conservantes, ni es adictivo».
Entrar en el tema Sesc y cultura significa para De Santos de Miranda -a cargo desde 1968 de la dirección regional de esta institución definida como «privada con control gubernamental»- explicar la historia político-social de su país desde los años 40 en adelante. En apretada síntesis, dijo esto: «En esa década, como en otros países de Latinoamérica, Brasil vivió una transición importante: pasó de ser un país agrícola y rural a industrial y urbano. Como reacción a la fuerte organización comunista que había en ese momento y a la necesidad de crear una sociedad de consumo, o sea consumidores, los empresarios decidieron crear entidades de formación profesional con el fin de preparar a la gente para otra forma de trabajo. Esto trajo aparejada la necesidad posterior de crear entidades ligadas al bienestar de los trabajadores». Vale decir que lo que «comenzó con una perspectiva paternalista y asistencialista, fue cambiando con la participación de técnicos y especialistas hacia un carácter más educativo y a darle mayor importancia al ocio, el entretenimiento y el tiempo libre de los trabajadores. Todo pensado para defender los intereses empresariales, seguramente, además de ayudar al país, por supuesto [sonrisa pícara]».
Así es como hoy, el Sesc San Pablo atiende las «necesidades de ocio, entretenimiento y tiempo libre» de miles de empleados de comercio y servicios, para los que, además del increíble centro cultural y deportivo que alberga buena parte de «Mirada» en Santos, el próximo diciembre se inaugurará en San Pablo otro complejo que costó «más de 50 millones de dólares». Todo esto mediante un aporte empresarial de entre 1 y 1,5 por ciento («no de los empleados»), al principio «voluntario» y luego obligatorio por ley nacional desde 1948.
Hecha la historia de la entidad organizadora, la charla pasó a por qué se eligió a Buenos Aires y su teatro como invitados de honor de esta primera muestra de Santos. «Porque es el país más próximo y más distante del Brasil», dijo. Y qué quiere decir eso, le preguntamos. «Que hay muchos elementos de contacto comerciales, culturales, deportivos. La media de brasileños conoce la Argentina y admira a sus artistas. Piazzolla era endiosado en el Brasil, como todos sus grandes escritores». ¿Y los enfrentamientos deportivos? «Son una tontería; si Argentina sigue en el Mundial y Brasil no, yo torço por Argentina, honestamente. En cuanto a por qué es el país más distante del Brasil, es porque hay muchos preconceptos mutuos, en muchos casos fortalecidos por la prensa y cierta publicidad inadecuada».
La opinión de De Santos Miranda sobre el teatro argentino es contundente: «La escena dramatúrgica argentina está muy viva y es muy potente. El teatro latinoamericano en general está observando mucho su realidad, el argentino también, pero al mismo tiempo es muy universal. El brasileño está muy monotemático hoy día: sólo se basa en los problemas, la mala política, las miserias sociales».
Como sea, tampoco es que desprecien su propia dramaturgia, ni mucho menos. El festival tiene 13 obras brasileñas en la grilla (entre ellas, una excelente pieza contemporánea titulada «Savana Glacial») y, en otra muestra de su poderío, el Sesc presentó el lunes una edición propia de un libro de 400 páginas dedicado a toda la obra del patriarca teatral «paulistano» Antunes Filho (cuya «Policarpo Cuaresma» se verá hoy aquí). Ya quisieran los teatristas argentinos un volumen de esa importancia y calidad.
En cuanto a los nuestros, el sí que endiosado Daniel Veronese, debutó el domingo en «Mirada» con dos funciones de «El desarrollo de la civilización venidera», su personal versión de «Casa de muñecas» de Ibsen. En atención a la enorme expectativa que generaba, la organización programó la primera de esas funciones a las 5 de la tarde, para que además del público común, pudieran asistir los integrantes de otros elencos. El «festival Veronese» (es el único creador que exhibe tres obras) siguió ayer con «Todos los grandes gobiernos han evitado el teatro íntimo», versión de «Hedda Gabler» también de Ibsen, y hoy se verá la estupenda «Espía a una mujer que se mata» firmada por Veronese a secas. Además de «Mujeres terribles», que ya se vio sábado y domingo, La representación argentina se completará con «La omisión de la familia Coleman» de Claudio Tolcachir; «Lote 77», de Marcelo Minnino, y «Nada del amor me produce envidia» de Santiago Loza con dirección de Diego Lerman.
Minnino y Loza participaron el lunes de una concurrida charla sobre teatro nacional que moderó el crítico Carlos Pacheco, en reemplazo del flamante director del Teatro San Martín, Alberto Portaluppi, que se enfermó días antes del comienzo del festival («se asustó cuando se dio cuenta del regalito que le cayó sobre la cabeza con el teatro oficial en estado terminal», dijo medio en broma medio en serio un conocido compatriota, que prefiere que su «chiste» quede de autor anónimo). Un concurrente, más que seguro un periodista, puso en aprietos a Pacheco al preguntarle si la nueva Ley de Medios vernácula no era «una mordaza para la prensa». El moderador salió del paso con la mayor elegancia posible, ayudado por otro asistente que quería seguir hablando simplemente de teatro.
* Enviada Especial


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