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“El flamenco logra infundir alegría al que está triste”
Los bailaores argentinos Alicia Fiuri y Néstor Spada triunfaron con el arte andaluz en Japón y se presentan ahora en el país.
Periodista: ¿En qué consiste el espectáculo?
Néstor Spada: Es básicamente de coreografías, somos los únicos dos bailaores, hay distintos palos del flamenco.
Alicia Fiuri: Hacemos dos dúos y cuatro solos, y cerramos por bulerías, sacamos a bailar a los músicos. Tenemos dos guitarristas y una cantaora. Fernanda de Córdoba, que es la hija de la cantaora Claudia Montoya, y tiene 22 años. El otro guitarrista es Hernán Diéguez.
N.S.: La diferencia entre este espectáculo y lo que hicimos en Japón es que esto es lo que nosotros queremos hacer. Allá el cincuenta por ciento eran necesidades del productor, como por ejemplo una versión de «Carmen», que no hacemos acá porque no es nuestro estilo, que es el flamenco tradicional, puro.
P.: ¿Cómo se vive el género en el Japón?
N.S.: Allá hay un nivel impresionante, porque pueden llevar lo mejor del mundo en cualquier género, como pasa también con el deporte.
A.F: Vimos cosas de japoneses bailando y cantando flamenco muy bien.
P.: ¿Qué dosis de improvisación hay en lo que hacen?
N.S.: La coreografía siempre está amalgamada con la música. Ensayamos, hacemos una secuencia de pasos, los proponen una música y va surgiendo.
A.F.: Están pautadas las melodías, los cantes, pero en algún momento hay una dosis de improvisación.
N.S.: Eso es lo interesante: que varía según el estado de ánimo de cada uno. Si yo estoy bailando, y estoy triste, y el guitarrista está contento, me contagia. Eso surge solo, sin ensayo. Lo bueno es que cuando armamos los espectáculos, desde hace más de diez años, siempre buscamos gente con la cual tenemos una buena relación. Son buenos artistas, y son amigos.
P.: ¿Cómo llegó el flamenco a ustedes?
A.F.: Yo toda mi vida bailé, desde los 4 años, clásico, español, zapateo americano, y después de mucho tiempo de estar bailando, empecé a tomar clases de flamenco, me enamoró de una manera muy fuerte, dejé todas las otras danzas y me dediqué de lleno.
N.S.: Yo empecé cuando la conocí a Alicia, porque salíamos juntos, y ella bailaba. Yo jamás había bailado en mi vida, trabajaba en una empresa, y ella me empezó a enseñar, y me encontré en el mundo del flamenco sin saber qué era. Y me obsesioné un poquito. En ese momento tenía 23 ó 24, me metí de lleno a estudiar, nos perfeccionamos en Sevilla, seguimos trabajando acá con profesores locales y de afuera. Desde hace 3 años no somos pareja pero sigue la relación profesional.
P.: ¿La docencia es una continuación de la tarea artística o una inspiración?
A.F.: En mi caso van de la mano porque yo tengo vocación docente. Me encanta ver cómo la gente llega sin saber nada y a fin de año se sube al escenario y muestra lo que aprendió. Me encanta dar lo que yo sé.
N.S.: El flamenco no es una danza normal, por el tiempo, el compás, los distintos «palos», porque hay que hacer percusión con los pies. Yo, por ejemplo, no puedo bailar tango, lo intenté y no pude. En el flamenco hay que entender por qué lado va: si bailás una «soleá» o una «alegría» no tenés que bailar con cara triste y alegre, y los alumnos tienen que entender eso, hay que explicarles los diferentes ritmos, cuándo se bailan, dónde... Otra dificultad es que es un baile personal. También se puede hacer de parejas, pero el bailaor o la bailaora está solo y saca todo. Lo que más se requiere es concentración y ritmo.
A.F.: No es una danza de «malabares», de destreza, pero tiene una dificultad particular, y se requiere la comprensión total de lo que uno está haciendo.
Entrevista de Margarita Pollini


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