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El fuerte impacto de una historia sencilla
El primer premio del Festival de Berlín quizá sea algo excesivo para el film sencillo y hasta previsible de la directora Yamila Zbanic, pero está bien hecho y golpea fuerte.
«Sarajevo, mi amor» es una canción popular, favorita de los colegiales bosnios cuando salen por ahí de excursión. Aquí también es el título de estreno de esta película que en otros lugares se ha rebautizado «Hija de la guerra». El original es «Grbavica», y alude a un específico barrio de Sarajevo, con sus edificios viejos poco atractivos, gente que va todos los días al trabajo, adolescentes que la van de rebeldes, boliches bailables de música berreta, tipos que hacen negocios turbios, una mujer cuya máxima es «Dios le dio a la mujer un cuerpo para que gobierne el mundo», y otra que la mira con rostro cansado, después de yugar todo el día sin que ni siquiera la tengan en cuenta.
Esta última es la protagonista de la historia. Taller textil de día, costurera también en casa, mesera de noche, todo para juntar el dinero (que al fin conseguirá, de modo limpio) que necesita la hija para un viaje escolar. La chica también necesita algo más importante: ella quiere saber sobre su padre, fallecido durante la guerra. Se supone que murió asesinado como un mártir por su pueblo, pero la madre no aporta datos, ni se molesta en buscar un certificado de tan honrosa defunción (certificado que le permitiría un atendible descuento en la cuota del viaje, y quién sabe qué otros beneficios).
¿Cuál es la verdad de ese padre ausente? ¿Por qué la mujer es tan reservada, triste, y siempre a la defensiva? Va a unas sesiones de terapia grupal femenina, organizadas por el gobierno como parte de un subsidio especial, pero ahí no abre la boca, en su casa a veces se lleva mal con la hija, y en el trabajo parece incómoda hasta con un patovica welter que quiere ayudarla, un matón sentimental, veterano de guerra, que también sufre lo suyo. Otra cosa: ¿qué pasará con el revólver que la chica ha traído a casa, y sabe empuñar, aunque quizá no sepa apuntar para el lado adecuado?
Grbavica, un barrio donde algunas mujeres todavía se rapan en señal de duelo, y donde pasaron cosas fuertes durante la guerra, cosas que han dejado marcas todavía perceptibles en la vida cotidiana, aún para las nuevas generaciones. Un detalle a señalar: ésas son las únicas marcas que hemos de ver. En cambio, no hay «marcas de autor». A la manera de Ken Loach, con quien parece tener algunas coincidencias, la directora Yasmila Zbanic no necesita hacerse notar, para que se note lo que quiere decirnos. Quizá sea excesivo el primer premio que le dieron en el Festival de Berlín (había otras obras más notables), porque la suya es una obra más bien sencilla y hasta previsible, pero está bien hecha, golpea fuerte, y, sobre todo, es necesaria. Suficiente con eso.


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