Los países europeos muestran que pedir prestado a inversores extranjeros es gratificante porque hay más posibilidades de que, en caso de que haya riesgo de default, se lo decida rescatar. Un buen ejemplo de esto es Grecia: con un poco más del 110% de su deuda pública sobre PBI, es el que tiene la mayor cantidad de sus bonos en manos de inversores extranjeros. Y en este país ese porcentaje llega al 30%. Italia, con una deuda similar (en torno al 110%), debe sólo un 17% a acreedores externos. Envidiable es la situación de Dinamarca o de Suecia, donde no importa quién tenga los bonos porque el porcentaje de deuda sobre PBI de estos países es del 32% y del 42%, respectivamente.
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