19 de septiembre 2012 - 00:00

“El interés por la novela histórica no deja de crecer”

Viviana Rivero: «Siempre ha habido novelas históricas, están en el origen mismo de nuestra literatura, y siempre ha habido novelas románticas».
Viviana Rivero: «Siempre ha habido novelas históricas, están en el origen mismo de nuestra literatura, y siempre ha habido novelas románticas».
No deja de sorprender que las tres escritoras cordobesas más destacadas en la actualidad, Cristina Bajo, Florencia Bonelli y Viviana Rivero, escriban novelas románticas de ambientación histórica que rápidamente entran en la lista de los libros más vendidos. Viviana Rivero acaba de sacar una nueva novela, «Lo que no se dice», que publicó Emecé, y en su breve visita a la Capital Federal dialogamos con ella sobre su nuevo libro y el fenómeno de ventas de la novela romántico histórica.

Periodista: ¿Una nueva novela donde mezcla pasado histórico, un lugar atractivo y un romance impetuoso y controversial?

Viviana Rivero: Sí, sí. «Lo que no se dice» tiene de todo: los avatares de una inmigración poco tenida en cuenta, el paisaje extraordinario de nuestro sur, una historia de amor en el margen de familia. Y el amor en el relato está en la proporción en que aparece en la vida, porque cuando surge, tiñe todo lo que nos rodea y termina influyendo decisiones, lleva a hablar de familia, de hijos, de problemas laborales, aun de situaciones que parecen ajenas a los sentimientos más íntimos. Y está el erotismo en un porcentaje semejante al que lo tiene la vida.

P.: Ahora ha puesto a sus personajes en un escenario turístico por excelencia.

V.R.: La verdad es que la Patagonia a medida que escribía me fue apasionando porque es una tierra mágica e históricamente apasionante. Hasta el europeo más indiferente quiere venir a conocerla, y los argentinos a veces no la tenemos en cuenta. Dicen que la Patagonia es el lugar del mundo donde el sol brilla con más intensidad, que tiene las puestas de sol más maravillosas por cómo está ubicada geográficamente. Sentí que esta novela tenía que ir a escribirla allí, entre otras cosas por la serie de situaciones que voy relatando, la llegada de la inmigración bóer, la llegada de los sudafricanos, que vienen a poblar lo que se llamaba el desierto nuestro. Y esa familia va viviendo lo que fue ocurriendo en ese lugar, de los sucesos de la Patagonia rebelde a ecos de la Segunda Guerra Mundial, con el avistaje de los submarinos nazis. Mis personajes viven esos hechos junto a sus situaciones personales que vinculan los dramas íntimos con las circunstancias.

P.: Buscó mostrar que un acto leve del pasado puede tener consecuencias imprevisibles, que deja marcas por generaciones.

V.R.: Quise ver un caso donde se produce lo que habitualmente se conoce como el «efecto mariposa», y por eso en la tapa entre una mujer del pasado y una mujer actual sobrevuela una mariposa. Ese era el tema central de la historia que quería contar. Algo que sucede en el pasado que tiene consecuencias en el presente. Pequeñas decisiones que uno no cree que tengan demasiada importancia sin embargo van produciendo efectos en el futuro. Busco que mis libros tengan tres cosas. Trato de que el argumento se lo más interesante posible para quien disfruta de eso que es la historia, el entretenimiento. Luego están las circunstancias históricas, que me llevan a una detenida investigación de hechos del pasado, a la consulta de libros y materiales de archivo. Luego está lo que yo llamo el alma, y que en este caso es: no importa lo malo que nos hicieron sino qué vamos a hacer con ello. A uno le pasaron determinadas cosas, cuestiones con los padres, con uno de los padres en especial, con un pariente, con un hombre, con una mujer, pero uno siempre tiene la última palabra de qué actitud va a tomar sobre lo ocurrido. Quiero que cada una de mis novelas tenga un pequeño mensaje, y ese es el de «Lo que no se dice».

P.: ¿Por qué eligió contar de una inmigración tan poco tratada como la de los bóers a la Patagonia?

V.R.: Me pareció muy interesante cuando la descubrí. En la Patagonía se había contado ya profusamente de la llegada de los galeses, y el de los bóers está menos difundido. Se trató de alemanes, holandeses y franceses, por lo general protestantes que son perseguidos y se escapan de Europa y se instalan en el sur de Sudáfrica. Poco a poco comienzan a llamarse a ellos mismos bóers, y forman estados como Orange y Transvaal, y comienzan a funcionar como una nación independiente. Cuando encuentran minas de diamantes, los ingleses anteriores dominadores del territorio comienzan una guerra sangrienta, porque los bóers que habían ido en busca de su libertad están dispuestos a luchar hasta la última gota de sangre. Cuando los ingleses les queman las granjas, las mujeres, los niños, deciden inmigrar a diversas partes del mundo, y un lugar es Patagonia, porque el presidente Roca les ofrece darles tierras. Los que vienen a fines del siglo XIX son muchos y se instalan a colonizar ese desierto barrido por el viento, tienen la suerte de la experiencia de haber estado en el sur de África, con las que tenía un clima cercano, por momentos antártico. Y están allí hasta que décadas más tarde el gobierno inglés viendo que no puede hacer frente a las tribus africanas, les ofrece si regresan devolverles las tierras. Unos pocos se quedaron, y aún subsiste una colectividad bóer en Patagonia, con la que yo estuve para poder construir mi novela.

P.: ¿El romance se da en la tradición de entre seres opuestos y distantes?

V.R.: Este libro fue para mí un desafío en muchísimos aspectos. Mis dos primeros libros, «Mujer maestra», que obtuvo el Primer Premio de Novela Histórica 2009 del Gobierno de San Luis, y la novela «Secreto bien guardado», transcurrían en tres años. La tercera, «Y ellos se fueron», sucedía en un lapso de unos 50 años. «Lo que no se dice» abarca más porque es a la vez una historia actual y una historia antigua, un capítulo ocurre en la actualidad y el siguiente en el ayer, pero ambas historias entran fuertemente unidas, entrelazadas, de modo que el lector al leer algo que ocurre ahora se pregunte qué habrá ocurrido en el pasado. Y a la vez, leyendo algo que sucedió en el pasado, sospechar lo que le puede ocurrir a una pareja del 2000. Hay una persona joven que va a Patagonia a encargarse de la herencia de su madre, a cerrar todo lo que fue de sus abuelos, de su familia que fue bóer, y descubre una historia antigua que termina trayéndole consecuencias en todas las decisiones que está tomando. Lo que comienza como un simple trámite terminará provocando un cambio profundo en su vida. Una antigua historia de amor que va tejiendo y tiñendo la actual de la joven, linda y exitosa profesional Elena Wilson Garrott, a medida que desentierra secretos del pasado familiar que ella nunca tuvo la menor sospecha de que hubieran ocurrido. Ahora, si ella quiere aprovechar la oportunidad que le presenta, si considera que de ese modo ella puede ser feliz, tendrá que armarse de coraje, de un cambio de mentalidad, deberá vencer los prejuicios que le fueron legados con el apellido y las tierras. Un pasado histórico, una tierra indómita en la que al llegar a ella provoca el desafío de hacerla propia, una historia de realismo romántico, donde la ternura y la crudeza se alternan, entrelazando destinos que parecieran estar impedidos de unirse por hechos desconocidos del pasado, que es como si hubieran quedado en rincones secretos del ayer que no siempre resulta fácil descubrir.

P.: ¿Qué les pasa a las escritoras cordobesas, por lo menos las más destacadas, que se dedican a escribir novelas románticas que se convierten en bestsellers?

V.R.: Por un lado creo que nos gusta la historia. Tanto a Florencia Bonelli, Cristina Bajo como a mí, nos interesa la historia, por más que la forma narrativa en cada caso tiene características distintas. Cada una trata una historia de amor con un tinte diferente, Bonelli es más erótica, Bajo está más centrada en los hechos históricos, y mis novelas, como me dijo un periodista, «son novelas de sentimientos, que le quitan los hijos, que se mueren los personajes, que se enamoran de un modo no permitido». Si bien todas tratamos de relaciones y pasiones, lo que importa es que transcurren en un universo histórico concreto. El interés de los lectores se ve atraído por lo histórico, el interés por la novela histórica no ha dejado de crecer. Siempre ha habido novelas históricas, están en el origen mismo de nuestra literatura, y siempre ha habido novelas románticas, creo que la fusión de los dos géneros es lo que ha multiplicado el interés de los lectores.

P.: ¿Qué está escribiendo ahora?

V.R.: ¡Pero cómo me voy a poner en algo nuevo si recién acaba de salir mi novela! Bueno, en realidad ya empiezo a investigar porque tengo idea de escribir una historia actual donde lo principal no va a ser el amor.

Entrevista de Máximo Soto

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