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El kirchnerismo retendrá la gobernación de La Rioja

Al cierre de esta edición, y con cerca del 20 por ciento de mesas contabilizadas de un lento y polémico escrutinio provisorio oficial, el binomio oficialista Casas-Bosetti se imponía, con 53 por ciento de los votos al principal binomio opositor, conformado por el diputado nacional del radicalismo Julio Martínez (avalado por el PRO), y el intendente de Famatina, el massista Ismael Bordagaray, quienes juntaban un 38 por ciento de adhesiones.
El triunfo de Casas -se daba en simultáneo con la principal procesión riojana, la de San Nicolás- otorgaba un premio consuelo para el FpV, tras la débil tarea electoral del kirchnerismo en los comicios generales que también se realizaron ayer en la Ciudad de Buenos Aires y en Córdoba, donde los ticket del FpV se ubicaban, cómodos, en el tercer lugar.
"Nunca perdió el peronismo en La Rioja, y nunca va a perder. Acá se diferenciaron claramente dos proyectos", sentenció Casas, mientras que Martínez aseguró: "Vamos a esperar el resto de los resultados, pero sin dudas no nos alcanzó para ganar la provincia".
La victoria riojana activó el viaje de funcionarios del Gobierno de Cristina de Kirchner y de precandidatos del oficialismo para mostrarse triunfantes pese a que la provincia representa sólo el 0,8 por ciento del padrón nacional.
El plato fuerte de las apariciones fue la fórmula presidenciable del FpV que integran el gobernador bonaerense, Daniel Scioli, y el secretario legal y técnico, Carlos Zannini, quienes llegaron acompañados por el jefe de Gabinete nacional, Aníbal Fernández, y el secretario general de Presidencia, Eduardo "Wado" de Pedro.
También consiguieron foto ganadora junto a Casas el vicegobernador de Santiago del Estero, José "Pichón" Neder, y su par de Tucumán y candidato a gobernador, Juan Manzur, entre otros.
"Ha sido una gran victoria del pueblo riojano. Vamos a seguir trabajando codo a codo", destacó Scioli, mientras que Zannini dejó claro que "el amor estuvo de este lado, mientras que a la oposición la unió el espanto".
El nuevo Gobierno riojano -que en realidad será la continuidad de las gestiones del actual mandatario local, Luis Beder Herrera- deberá afrontar un panorama de economías regionales -olivicultura y vitivinicultura, sobre todo- severamente lesionadas y un grave receso en la actividad de las industrias radicadas en el distrito por la caída del régimen de promoción industrial.
Además, el distrito muestra indicadores sociales alarmantes en el interior, y un constante conflicto entre diversos sindicatos y el Gobierno local por un decreto de 1988 -en la época de gobernador del ahora elogiado por parte del kirchnerismo Carlos Menem- que autoriza a los organismos de la administración pública y todas sus ramificaciones a descontar la jornada a los empleados que realizan paros, entre otros puntos.
El peronismo tuvo una polémica arma electoral que utilizó sin dudar ayer, que fue el festival de colectoras -de a docenas, según el caso- en todos los departamentos atadas a Casas. Así, buscaba también mantener una cómoda mayoría incluidos los dos tercios- en la Legislatura local, y la mayoría de las intendencias en los 18 departamentos. En la Capital, sin embargo, el sector de Martínez peleaba para dar la sorpresa.
Para la oposición, la derrota activa un duro golpe para el laboratorio que llevaron a cabo radicales, macristas y massistas en esta provincia. El envión tomado en Mendoza -distrito importante- no se replicó aquí y los precandidatos presidenciables de la UCR, PRO y Frente Renovador Ernesto Sanz, Mauricio Macri y Sergio Massa, respectivamente, no pudieron colgarse a una victoria.
La lentitud del escrutinio provisorio contrastó con el conteo que llevó el oficialismo junto con sus fiscales, que antes de la medianoche tenían una diferencia de entre 10 y 15 puntos a favor de Casas, con cerca del 80 por ciento de mesas escrutadas.

