5 de agosto 2010 - 00:00

El Leopoldo Federico que no escuchamos

Leopoldo Federico con los integrantes de la orquesta El Arranque: «Raras partituras» recopila obras de su autoría que no se tocaban desde hace tiempo.
Leopoldo Federico con los integrantes de la orquesta El Arranque: «Raras partituras» recopila obras de su autoría que no se tocaban desde hace tiempo.
Pareciera haber dos Leopoldo Federico. El que acusa los años en sus problemas de caderas que lo tienen a mal traer con los dolores y las dificultades para desplazarse y el que parece un adolescente entusiasmado cuando empieza a hablar de tango. Aunque el último siempre termina ganando la pulseada y al rato de comenzada la charla en su oficina de dirección de AADI (la sociedad argentina de intérpretes), él y el periodista se olvidan de esas cuestiones.

Una vez más por estos días, el enorme bandoneonista es noticia porque varias de sus obras acaban de ser publicadas en un disco de la colección «Raras partituras» -editada por la Biblioteca Nacional- con la interpretación de la orquesta El Arranque y con el propio Federico en bandoneón solista.

Periodista: ¿Cómo renacen estas obras?

Leopoldo Federico: Yo nunca he tenido una actitud muy constante con mis propias obras; y hasta había alguna, como el tango «Póquer» -curiosamente, el primero que escribí aunque nunca me había convencido del todo-, que nunca se había grabado. Nunca tuve tampoco la actitud de pedirles a otros directores que hicieran mis composiciones. Si hubo algo, por ejemplo en la orquesta de Pugliese, fue gracias a que algunos amigos míos como Juan José Mosalini o Daniel Binelli hacían arreglos para ese conjunto y entonces metieron algunas cosas. Así se conocieron por ejemplo «Cabulero» o «Sentimental y canyengue». Otra vez, fue Osvaldo Requena quien me hizo grabar una serie de cosas mías. Así que ahora tengo que agradecerle a Ignacio Varchausky que fue el que hurgó en SADAIC y rescató mis cosas, inclusive un par de piezas folklóricas como «Cuando te pienso en zamba» y «Zamba de la extranjera», las dos con letra de Julio Fontana.

P.: Esto de tocar relativamente poco sus composiciones, aun con su propia orquesta, ¿lo adjudica a una cuestión de pudor?

L.F.: No diría pudor ni orgullo; sí que me falta siempre un poco de constancia. Del mismo modo que no he escrito solos más extensos para mí. Yo necesito que alguien tome la iniciativa. Por suerte, siempre hay gente que está allí. Como pudo ser Requena que alguna vez me hizo grabar también mi primer disco de solos de bandoneón, o Varchausky que mucho tiempo después me hizo grabar el segundo. O iniciativas como esto de las «Raras partituras» que ahora me permite hacer otra vez mis obras.

P: Salvo usted, que toca con cierta regularidad, al tango le siguen faltando espacios para mostrarse. ¿Es falsa la idea del boom actual del género que muchos imaginan?

L.F.: Al tango hay que buscarlo mucho en Buenos Aires para encontrarlo. Yo escucho la radio 2 x 4 que es de los muy pocos lugares donde se puede escuchar esta música. Tenemos dos orquestas, la del Tango de la Ciudad y la Juan de Dios Filiberto que apenas hacen una actuación por semana. Para ver algo en vivo, lo principal son las casas de tango que están pensadas para los turistas con precios que son inaccesibles para la mayoría de los argentinos. Para hacer conciertos tampoco hay mucho dónde; apenas el Torquato Tasso con cierta regularidad y algún otro lugarcito de vez en cuando. Y tampoco crea que yo toco tanto. Lo que pasa es que cada vez que hago algo, sea con mi orquesta, con la Selección del Tango o proyectos como este del que ahora estamos hablando, aparezco en los medios; entonces, todos creen que no paro de trabajar. En otras partes -como pasa siempre- sí el tango está muy fuerte, aunque reconozcamos que lo que más interesa es el baile. Acá mismo, las milongas tienen una convocatoria mucho mayor que los conciertos.

P: ¿Extraña la actividad de otros tiempos?

L.F.: En parte se extraña, por supuesto. En otras épocas he llegado a tocar todos los días. Y ni hablar cuando acompañaba a Julio Sosa. A veces deseábamos que lloviera para que se suspendiera una actuación y poder ir al cine. De todos modos, yo me siento más cómodo tocando en espacios más chicos, donde puedo verle la cara a la gente, donde puedo sentir al público más cerca. No le voy a negar que a mí, como a cualquiera, me guste tener enfrente a una multitud. En el festejo del Bicentenario en la 9 de Julio, por ejemplo, viví hace muy poco esa experiencia. Pero en esos casos falta la calidez que da un lugar más chico. Ahí también me acuerdo de cuando tocábamos en los cafés, sin telón, armando el repertorio sobre la marcha en función de cómo iba reaccionando la gente. Había una informalidad que le daba una emoción muy fuerte y que ahora, por la misma necesidad de organizar los repertorios para conciertos que suceden de tanto en tanto, se ha ido perdiendo.

P: Es una curiosidad que este nuevo disco del que hablamos se edite simultáneamente en CD y en el anterior soporte de LP de vinilo. ¿Qué comentario le merece?

L.F.: Me dicen que está habiendo un movimiento de gente interesada en volver a eso. La verdad es que a mí me alegra porque el vinilo tiene varias virtudes. En principio, una profundidad de sonido que el CD no logra ni de cerca. Por otro lado, la durabilidad. Cuando apareció el CD nos dijeron que era eterno y que no se arruinaba con nada; y después nos dimos cuenta de que no era así. Y finalmente, que la tapa de un LP, por su tamaño, es algo mucho más atractivo.

P: ¿Cómo sigue su año de trabajo?

L.F.: Yo estoy diariamente en AADI, la asociación de intérpretes, donde soy el presidente y a la que dedico buena parte de mi energía. En cuanto al músico, siempre estoy con algo. Ahora voy a tocar el 7 y el 8 en la Biblioteca Nacional con El Arranque para presentar este disco. Después tengo que hacerme una pequeña operación que me tendrá un par de semanas fuera de juego. La orquesta volverá a hacer estos temas en la Biblioteca a la semana siguiente pero yo ya no podré estar. También me bajé del cierre del festival de tango por la misma cuestión. Para setiembre seguro que volveremos con algún ciclo de conciertos en el Tasso, a lo mejor con Horacio Salgán sentándose al piano otra vez para algunas piezas. Y también estoy eligiendo material para una serie de CDs y DVDs de actuaciones en vivo en diferentes lugares que ojalá podamos ir editando próximamente.

Entrevista de Ricardo Salton

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