"Esto quiere decir: ni un centavo de más en rojo", explicó Rand Paul tras su espectacular elección como senador federal en 2010, subido a la ola del Tea Party, el movimiento ultraconservador republicano. El senador por Kentucky, de 52 años, volvió a ponerse la bandera estadounidense el día que anunció su candidatura. Está entre los tres o cuatro mejor ubicados para las primarias republicanas de 2016.
Lo que le falta en calidez lo compensa con el entusiasmo de sus seguidores, más jóvenes que el votante republicano medio y herederos del llamado movimiento libertario, que en EE.UU. hace alusión a quienes se oponen a cualquier intervencionismo estatal.
Rand Paul, tres veces precandidato a la presidencia, libertario convencido. La notoriedad de Rand aumentó gracias a un discurso obstruccionista de 13 horas que pronunció en marzo de 2013 para bloquear la confirmación del director de la CIA. Su vehemencia contra los abusos de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) en materia de espionaje es aplaudida por los defensores de las libertades individuales, aliados poco habituales de un republicano.
El senador se define como un "conservador constitucional": denuncia los abusos del poder del Estado federal, que quiere reducir a sus funciones clásicas y enunciadas en la Constitución, y excluir, por ejemplo, la educación.
En política exterior deplora la invasión de Irak en 2003, desprecia a los neoconservadores y trata a Hillary Clinton de belicista.
Los demócratas lo describen como un extremista que desarmaría el Estado providencial. También cuestionan su sinceridad en el asunto al que dedicó mucho tiempo: los derechos civiles. El libertario propone una reforma penal y la eliminación de las penas mínimas para cortar el ciclo cárcel-desempleo-pobreza, que castiga desmesuradamente a los jóvenes negros. El objetivo: presentar al mismo tiempo un rostro nuevo y fiel a los valores de Abraham Lincoln, padre de la abolición de la esclavitud y republicano.
| Agencia AFP |


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