26 de agosto 2016 - 00:00

El malestar de vivir con otro

Partamos de una base: todos somos diferentes. Todos amamos diferente. Todos deseamos diferente, gozamos diferente y creemos en diferentes cosas. Nunca 1 + 1 = 1. Eso es un mito. El punto es cómo cada sujeto singularmente se relaciona con esa diferencia estructural que hay entre las personas.
Esto viene en referencia a un nuevo hecho de discriminación y provocación que tomó el centro de la agenda mediática. Un grupo de jóvenes de un colegio alemán estaba de viaje de egresados en Bariloche, ingresó a un boliche y en medio de una fiesta se disfrazaron mostrando cruces esvásticas y lucieron en sus rostros los icónicos bigotes de Adolf Hitler. Esto provocó la inminente y buscada reacción de otro grupo de jóvenes de un colegio judío que se disponía a disfrutar en el mismo lugar.
Nunca un hecho de estas características debe ser minimizado como una simple broma adolescente y mucho menos dejar de ser sancionado. Cabe preguntarse: ¿es un hecho aislado o nos habla de algo más profundo?
Veamos. En el origen hay algo que huele mal. El yo de todos los seres humanos se conforma por una imagen que viene del exterior, de afuera, que proviene del otro. Es lo que se conoce como imagen especular, es aquella que devuelve el espejo. Esta imagen ajena ayuda a construir el propio yo, pero siempre va a existir el riesgo de que se vuelva amenazante. Es decir que en el origen mismo hay algo que no se acopla del todo: el yo tiene estructura paranoica. A veces, basta con que aparezcan las más pequeñas diferencias con el prójimo para que éste encarne esta figura amenazante, y viceversa. La vida cotidiana es un laboratorio de muestra sobre esto, uno lo puede escuchar en los cantos de las hinchadas de fútbol, también en el insulto que profiere una persona "civilizada" cuando tiene problemas con una de un país limítrofe o de tez oscura.
Se ataca lo diferente por odio y por miedo. Esto tiene un nombre específico y se llama segregación, y fue explotada a lo largo del tiempo por reyes y políticos: el "de afuera", el "diferente" es el origen de todos los males. Esto externo puede ser cualquier cosa, el requisito es ser diferente. Lo encarnaron varios pueblos, civilizaciones y sistemas económicos: los judíos, los católicos, los musulmanes, el comunismo, el capitalismo, el inmigrante, el vecino... hasta que llegamos a lo más cercano: los hermanos. La segregación y la xenofobia comienzan dentro en la propia familia. Él/ella viene a sacarnos lo que es nuestro. La primera hermandad mítica sobre la Tierra termina con un asesinato, Caín mata a Abel. Es necesario hacer un tratamiento de esa diferencia entre los seres humanos para que el hombre no se transforme en el lobo del hombre.
(*) Periodista y psicólogo

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