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El mercado de arte también ensombrecido por Japón
Valuado en u$s 47 millones, «Retrato de un hombre con las manos en la cintura» de Rembrandt, era hasta la semana pasada la obra estrella de la TEFAF. Después de la tragedia japonesa, como en todo el mundo, hoy reina la incertidumbre.
La TEFAF es un acontecimiento para los más ricos de los ricos. Cualquier cosa menos para la clase media. Buscar precio resulta inútil. Quienes se interesan por eso están fuera de lugar en esta feria. En la TEFAF hay cabida para los gustos más extravagantes. Por ejemplo, una instalación de Jake y Dinos Chapman muestra una especie de guillotina con una gallina atada que recibe los golpes de un martillo. Y mientras uno contempla con curiosidad la obra, una alta y delgada galerista declara: «Se trata de sexualidad, como verá fácilmente».
En una vitrina centellea un diamante valorado en 25 millones de dólares. Probablemente aquí también se trata de sexo. Un marchand afirma que «en la feria se ve a la gente más peculiar del mundo». Y luego está la historia de Silvio Berlusconi. Cuando el primer ministro italiano, hace tres o cuatro años, se quedó mirando una gigantesca estatua bélica, el artista, que curiosamente estaba presente, se emocionó tanto que se precipitó sobre él y le aseguró que una pieza tan imponente le vendría perfecta. Berlusconi no lo dudó mucho y compró. En la TEFAF se adora a este tipo de clientes.
Por el momento, el dinero parece estar suelto y la TEFAF debería seguir su curso. Si no hubiera ocurrido la tragedia en Japón. «La prensa lo ha exagerado, uno abre el periódico y sólo hay catástrofes», se queja un experto en porcelana. En la feria se esparcen distintas teorías sobre en qué medida influirá Japón en el negocio. Unos dicen que la gente comprará más porque necesita desconectarse. Otros, que comprarán más porque en vista de la caída de cotizaciones parece más seguro invertir en valores materiales. Pero en realidad, nadie dice que no vaya a haber compras.
«Bueno, por supuesto puede ser que la gente no tenga ganas», opina Thomas von Salis-Samaden, un veterano de la TEFAF, «pero realmente, lo uno no tiene nada que ver con lo otro». Y recuerda bien cómo fue la inauguración de la TEFAF cuando coincidió con el primer día de la Guerra de Irak. Aquello era mucho peor, dice. Guerra, petróleo y esas cosas. ¿Pero Japón? «Aquí nos movemos en otras regiones», señala. «La clientela que viene aquí sabe lo que hace. Y si ve un cuadro que le gusta, lo comprará».
Agencia DPA


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