1 de junio 2012 - 00:00

El mítico camino del héroe reactualizado

Son notables las actuaciones, el diseño escenográfico y el clima intimista de la exquisita puesta que diseñó Agustín Alezzo para «El círculo» de Donald Margulies.
Son notables las actuaciones, el diseño escenográfico y el clima intimista de la exquisita puesta que diseñó Agustín Alezzo para «El círculo» de Donald Margulies.
«El círculo» («Brooklyn Boy») de D.Margulies. Dir.: A. Aley N.Dominici. Int.: L. Lay elenco. Esc. y Vest.: M.Albertinazzi. Luces: G.Calcagno. Dis.sonoro: D.Vainer. (Teatro «El Duende», Aráoz 1469).

El novelista Eric Weiss descubre con sorpresa que su primer gran éxito literario -vagamente autobiográfico- empieza a ocasionarle más inconvenientes que satisfacciones, sobre todo en su círculo familiar. Primero se topa con la terca indiferencia de su padre, un ex vendedor de zapatos, viudo y cascarrabias al que visita en un hospital. Pese a estar muy enfermo, el anciano sigue despreciando la actividad intelectual de su hijo (siempre más ligado a la madre por su amor a la literatura).

En medio de presentaciones y notas televisivas, el autor debe superar también el rechazo de su competitiva ex mujer, que no sólo le reprocha una maternidad frustrada que empantanó el vínculo entre ambos, tampoco soporta su creciente notoriedad siendo ella una escritora fracasada.

La pieza de Donald Margulies -retitulada por Agustín Alezzo «El círculo»- expone con vivacidad las andanzas del protagonista y sus idas y vueltas en plena crisis de la mediana edad: el regreso a Brooklyn, su barrio de infancia y fuente de todos sus temores y rechazos; el último y melancólico encuentro con la esposa; la equívoca intromisión de una joven fan en la habitación de hotel del escritor; el acoso de un antiguo compañero de juegos que lo cargosea con su nostalgia, admiración y su firme propósito de reintegrarlo al judaísmo. Sin olvidar la disparatada negociación con una productora de Hollywood, que llevará al cine la novela de Weiss («Brooklyn boy», como el título original de la pieza) con la condición de quitarle ambiente judío y darle el protagónico a una gran estrella de películas de acción.

Cada escena plantea una situación dramática simple pero bien definida, con diálogos creíbles y amables toques de humor. Alezzo (en codirección con Nicolás Dominici) alteró el orden de algunas escenas para ubicar la acción en el terreno de la memoria. De esa manera, las experiencias del protagonista ofrecen más puntos de vista y posibilidades de lectura.

La estructura circular de la pieza, que Alezzo subrayó con exquisita factura, reactualiza el mítico camino del héroe, quien como es tradición debe alejarse de su hogar para madurar y conocerse a sí mismo. Una vez cumplida esta tarea, se impone el regreso al punto de origen; en este caso para hacer las paces con el pasado.

Notables las actuaciones, el diseño escenográfico y el clima intimista de la puesta. En un espacio mínimo se multiplican las locaciones y los saltos temporales. Y todo confluye en un montaje impecable.

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