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El modelo y la política pseudo-contracíclica
Fernando Navajas - Economista jefe de FIEL
La posición argentina quiere lucir como muy keynesiana. Pero en verdad no lo es.
Es otra cosa muy distinta. Lo que el modelo vigente en la Argentina tiene es una visión diferente de la convencional, que no tiene que ver tanto con estabilizar los ciclos y combatir la depresión económica, sino con impulsar el crecimiento. La creencia dominante en el Gobierno es que la expansión del gasto público y del dinero son esenciales para empujar la demanda agregada (el consumo y la inversión). Y que el empuje de la demanda, según esta visión, es la madre del crecimiento. Ergo, no es posible -ni siquiera conceptualmente- hablar de política contracíclica en el modelo argentino. Porque la expansión de la demanda vale tanto para cuando la economía se desacelera como para cuando la economía se expande.
El caso de la Argentina haciendo alarde de implementar políticas contracíclicas se parece a la de un sujeto que toma una botella de vino por día y argumenta que tomar una copa de vino por día es bueno para cuando uno tiene baja presión. Lo segundo podría ser política contracíclica. Lo primero es un serio problema estructural.
Eslogan
Criticar esta postura se hace difícil con tanta repetición del mismo eslogan. En reuniones con no economistas hay que explicar bastante y dejar en claro que uno puede estar a favor de las políticas contracíclicas y decir que eso no es el modelo vigente en la Argentina. Y muchos economistas no oficialistas dudarían y estarían todavía propensos a aceptar que el Gobierno sí hace política compensatoria, porque lo hizo en 2008-09 cuando la regla en el pasado no era hacerlo. Pero en el exterior nos ven de otro modo muy distinto.
Un trabajo elaborado por el uruguayo Christian Daude (OECD) y el español Ángel Melguizo (BID) y difundido a fines del año pasado en un blog internacional (Vox) hace una comparación de qué estuvieron haciendo los países en la contracción mundial de 2008-09 y en la recuperación o expansión de 2011. Y lo que encuentran es que la Argentina no tuvo una clara política contracíclica como tuvieron otros países como Chile y Brasil en 2008-09. Pero cuando la expansión retornó en 2011 la Argentina quedó en soledad.
La Argentina no hace política fiscal contracíclica, según los resultados de este estudio. La mayoría del resto de los países de la comparación sí lo hace. Otro trabajo que circuló la semana pasada es un capítulo del último boletín económico del Banco de España que mira la frecuencia con que los países de la región han llevado adelante políticas fiscales contracíclicas en la década de los 90 y en la década de los 2000. Allí aparece otro resultado muy interesante. Sólo en 1 de 11 años entre 2001 y 2011 se puede decir que la Argentina siguió políticas fiscales contracíclicas. Pero el resto de los países de la comparación (Brasil, Chile, Colombia, Perú y México) lo hicieron en entre 4 y 6 años. Es decir que la Argentina es el país que menos siguió -casi no siguió- políticas contracíclicas. Pero la sorpresa del estudio no termina ahí.
En los 10 años de la década del 90 la Argentina siguió políticas contracíclicas en tres años, bastante en línea con lo que hicieron los otros países (que lo hicieron en entre dos y cinco años). Es decir que tampoco se puede decir que la política fiscal es ahora contracíclica, a diferencia de lo que era en los 90. Esto tampoco es cierto, por más que uno tampoco acepte que en los 90 hubo una adecuada política contracíclica.
¿Qué podemos decir comparativamente de los 80? ¿Es la política fiscal de los 2000 también menos contracíclica que lo que observamos en los 80? Aquí la respuesta es negativa, porque sabemos que la política económica de los 80 no pudo adoptar un carácter compensatorio por diversas restricciones y por el contexto externo, y terminó siendo procíclica a la fuerza. Es decir que no se puede comparar un contexto como el actual, cuando están dadas todas las condiciones para hacer una verdadera política contracíclica, y el pasado de los 80, cuando esa posibilidad no existía. Más bien, el no haber instrumentado una verdadera política contracíclica en el único momento (histórico) en que ello era posible va a ser una de las cosas que vamos a escuchar el día que tengamos que explicarle a la población por qué la Argentina ha vuelto a tener convulsiones macroeconómicas.

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