15 de enero 2009 - 00:00

El mundo árabe está muy lejos de la unidad que pregona

Estambul - Los estrategas barbudos de Hamás aparecen en la televisión a diario desde el primer día de ataques de Israel. Los islamistas palestinos que hablan desde Gaza, Beirut o Damasco se muestran decididos, hablan de «resistencia heroica» y anuncian la derrota inminente del Ejército israelí. Pero los espectadores del mundo árabe reaccionan de formas diferentes. «Inshallah» («Dios lo quiera»), murmuran unos. «Ridículo», se quejan los otros. También los jefes de Estado están divididos de forma similar.
Aquellos que son pro Hamás, sobre todo Siria e Irán, esperan que la guerra consiga el reconocimiento del liderazgo de la organización radical palestina en Gaza por parte del resto de países y la apertura de los pasos fronterizos con Israel y Egipto. Porque el fin del bloqueo, que convierte a la Franja de Gaza, según el primer ministro turco, Recep Tayyip Erdogan, en la «mayor prisión al aire libre del mundo», es el principal objetivo de Hamás desde que dio por terminada en diciembre la tregua con el Estado judío y comenzó a lanzar cohetes.
El bloqueo, cuyo objetivo es frenar el contrabando de armas de Hamás y debilitarlo políticamente, llevó en la Franja primero a la indignación y luego a la desesperación. Porque ahora no sólo las armas, sino la carne, mantas y pañales llegan ya sólo a través de los túneles de contrabando bajo la frontera con Egipto, lo que ha aumentado los precios de casi todos los productos.
El campo anti-Hamás, liderado por el presidente egipcio, Hosni Mubarak, y el rey Abdullah de Arabia Saudita, al que se ha sumado el presidente palestino, Mahmud Abás (Abú Mazen), quiere impedir, en cambio, que el movimiento consiga como consecuencia de la ofensiva israelí algo que no obtuvo en el pasado año y medio mediante negociaciones y diplomacia.
El hecho de que ayer se hayan lanzado de nuevo cohetes contra Israel desde Líbano forma parte de esta lucha de poder regional, tanto como la pelea que existe desde hace días en torno a si la Liga Árabe debe tener en Qatar una cumbre extraordinaria para tratar el conflicto.
Hizbulá, el movimiento chiita libanés apoyado por Siria y equipado por Irán, niega oficialmente ser responsable de los ataques, pero los expertos dudan de que los palestinos puedan lanzar cohetes desde Líbano sin que Hizbulá lo sepa. Además, el secretario general de esa organización, Hasán Nasrala, habló pocas horas antes de los nuevos lanzamientos con Naif Hawatmeh, el jefe en Siria del Frente Democrático para la Liberación de Palestina (FDLP). Hawatmeh le propuso una «central de comando conjunta de resistencia».
Él y Nasrala estuvieron de acuerdo, según el FDLP, en que el Ejército israelí no alcanzará sus objetivos militares. Y ambos exigieron el fin de la ofensiva, del bloqueo y la apertura de los pasos fronterizos.
La cuenta de los cálculos políticos de todos los implicados la pagan los civiles de la Franja de Gaza. Niños palestinos heridos, en cuyos ojos se refleja el horror de la guerra, son tratados de urgencia en los hospitales.
El pequeño Luai, sobre cuyo trágico destino informa a diario la cadena Al Arabiya, financiada con dinero saudita, no podrá volver a ver: perdió la vista en un ataque israelí y se encuentra en un hospital de Arabia Saudita.
Los jefes de Estado árabes discuten ahora si deben tener una cumbre sobre Gaza o si alcanza con reunirse al margen de una cita económica prevista en Kuwait. El secretario general de la Liga Árabe, Amro Musa, apeló en vista de la agria disputa al sentido de realidad de los monarcas y presidentes: «Una cumbre árabe no podrá dar órdenes de todos modos al Ejército israelí».
Agencia DPA 

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