12 de octubre 2012 - 00:00

El Nobel fue para cultor chino del realismo mágico

Mo Yan, Nobel 2012: popular y discutido en su país, elogiado en círculos intelectuales de Occidente, y escasamente conocido en lengua española.
Mo Yan, Nobel 2012: popular y discutido en su país, elogiado en círculos intelectuales de Occidente, y escasamente conocido en lengua española.
La concesión del Premio Nobel de Literatura al narrador chino Mo Yan, a quien muchos disidentes señalaron ayer como demasiado dócil al gobierno chino, ha marcado un cambio en la Academia Sueca, que esta vez ha pasado por alto el elemento político en un escritor para valorar estrictamente su faceta creativa, cosa que jamás hizo con Jorge Luis Borges.

Conocido en Occidente a partir del éxito, en 1987, del film de Zhang Yimou «Sorgo rojo», basado en su novela homónima, a Mo Yan se lo conoce limitadamente en los países hispanoparlantes, ya que sólo seis de sus libros fueron traducidos a nuestro idioma, y de ellos cinco aparecieron con el sello de la pequeña editorial madrileña Kailas, fundada en 2001. Y prácticamente ningún librero argentino importó libros de Kailas, cuando aún se importaba.

Los títulos son: «Sorgo rojo» (1987, el único no aparecido en Kailas sino en El Aleph), «Las baladas del ajo» (1988), «La república del vino» (1992), «Grandes pechos, amplias caderas» (1996); «Shifu, harías cualquier cosa por divertirte» (1999), «La vida y la muerte me están desgastando» (2006) y «Rana» (2011). No debe confudirse este «Sorgo rojo» de Mo Yan con la novela homónima de otro escritor chino, Ya Ding, casi de su misma edad, y que en 2010 editó en español Planeta.

La concesión del Nobel a Mo Yan, autor de pluma moderadamente crítica al gobierno de su país aunque diplomático y conciliador (cuando prohibieron su libro «Grandes pechos, amplias caderas» no sólo se avino silenciosamente al hecho sino que manifestó que «en cada país siempre rige alguna forma de censura, algo que no es del todo malo para el escritor ya que eso le exige refugiarse en las amplias posibilidades que tiene la literatura»), ha generado fuerte polémica entre los intelectuales disidentes (ver recuadro). Entre las curiosidades a tener en cuenta: Mo Yan, uno de los autores más jóvenes en recibir el Nobel en las últimas décadas (tiene 57 años), declaró que se inició en la escritura gracias a la frase inicial de «Cien años de soledad»Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento...»), autor con quien algunos críticos literarios de Oriente en especial han llegado a compararlo.

«Con la misma intensidad alucinante y truculencia con que relata una escena de sexo o un suplicio, puede recrear los estragos de una guerra o un desbocado festín, por lo que ha sido comparado con el francés Rabelais y también con Gabriel García Márquez», dijo ayer Chantal Chen Andro, su traductora al francés. «Pero al lado de escenas grotescas puede evocar el delicado perfume de un loto».

Mo Yan es uno de los escritores más conocidos en su país, y uno de los más traducidos en Occidente, sobre todo al inglés, alemán y francés. El éxito de «Sorgo rojo», el film antes mencionado, lo hizo primero famoso en Alemania cuando obtuvo, en 1988, el Oso de Oro en el festival de Berlín.

Nacido en 1955 en Gaomi, provincia de Shandong, en una familia de campesinos, su verdadero nombre es Guan Moye. «Mo Yan» significa «No hables», apodo que fue entendido por algunos de sus críticos de manera demasiado literal. Él ha dicho que eligió su seudónimo cuando escribió su primera novela, «El rábano de cristal» (1986), en la que un niño que se niega a hablar cuenta la vida en el campo tal como era en su propia infancia.

Debió dejar la escuela durante la Revolución Cultural y trabajó en el campo y luego en una fábrica de aceite. Cuando tenía 20 años se unió al Ejército Popular de Liberación y comenzó a escribir. «Sorgo rojo» relata las dificultades de los campesinos en el comienzo del régimen comunista en China.

En sus novelas aborda temas como la planificación familiar, la corrupción política y las penurias de la vida rural. El peso de la historia - guerras, pobreza, la vida bajo la ocupación japonesa y el comunismo - es fuerte en su obra. Pero, según ha dicho su traductora al francés, son «las sensaciones vinculadas a su infancia, y la imaginación, lo que marca toda su narrativa».

Mo Yan recibió con modestia y sorpresa el premio, dotado este año con 1,2 millón de dólares, asegurando que «ganar no representa nada», mientras China celebra un reconocimiento que, a diferencia de otros anteriores, no enfrenta al régimen comunista con Estocolmo u Oslo. «Continuaré trabajando duro, gracias a todos», señaló Mo,

elusivo, quien en las horas posteriores al anuncio del premio intentó aislarse de la prensa y los admiradores.

«China tiene muchos autores excelentes, cuyos destacados trabajos podrán también ser reconocidos en el mundo», agregó. A la televisión estatal CCTV, le dijo que prefería «estar con los pies en la tierra» y no hacer grandes celebraciones, como mucho cocinar con su familia los tradicionales «jiaozi» (ravioles chinos) que se comen en las

fiestas. «Quiero seguir mi camino, concentrado en lo humano para mi propia obra», aseguró Mo, quien dijo que se había recluido en su pueblo «para sentirse tranquilo» y «escribir encerrado en su habitación».

En fuerte contraste con el Nobel de la Paz concedido hace dos años a otro escritor chino, Liu Xiaobo (encarcelado por sus llamadas a la democratización del régimen), la prensa china y los círculos culturales del país celebraron lo que consideran «el primer Nobel de Literatura chino», olvidando también al premiado en 2000 Gao Xingjian (exiliado en Francia y con nacionalidad de ese país).

«El éxito es el reconocimiento mundial a la literatura contemporánea china», destacó a la agencia oficial He Jianming, vicepresidente de la Asociación China de Escritores. «Merece definitivamente el premio, que es una afirmación de la literatura china en el escenario mundial», dijo por su parte el escritor Yue He, popular autor de ficción histórica.

A través de redes sociales como Twitter, algunos escritores y disidentes han mostrado cierto escepticismo hacia el premio de Mo, sobre todo con respecto a la utilización que de él podría hacer el Gobierno comunista. «El Gobierno chino hará uso ilimitado del Nobel a Mo Yan», señaló el periodista Michael Anti.

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